Críticas

Dolor y gloria

Las referencias personales han jugado un papel fundamental en la mayoría de las obras de Pedro Almódovar, estando muy presentes en algunos de sus trabajos clave como Volver o Todo sobre mi madre. La novedad y lo que hace de Dolor y Gloria una de sus películas más especiales es la ausencia de la sutileza con la que hasta ahora dejaba entrever esos detalles tan íntimos.

El director manchego se entrega a la autoficción para mirar a los ojos de su público y abrirse en alma y cuerpo. Y hacemos bien en denominarlo autoficción y no autobiografía, ya que el propio autor se encarga de dejar claro que no debemos tomarnos todo al pie de la película. Con todo, al espectador no le será difícil vislumbrar los detalles reales y distinguir las licencias ficticias que completan la trama.


Almodóvar echa la vista atrás para identificar los momentos que más han marcado y definido su vida. Desde su infancia hasta circunstancias más recientes en las que todo tipo de dolencias físicas le han mantenido en continuo aislamiento, pasando por la época de los 80 en la que tuvo que superar el final de un amor frustrado.

Dolor y Gloria es un ejercicio de sinceridad con uno mismo, un mirarse en el espejo para asumir aquello que nos resulta especialmente difícil: los puntos más oscuros de nuestro ser, esas debilidades humanas que nos llevan a cometer actos que sabemos inadecuados y que inevitablemente nos acercan a la soledad.

En este monólogo hacia su público, Almodóvar se pone en las manos de un sublime Antonio Banderas que ha sabido meterse en la piel de su mentor, pero sin la intención de imitarle. En todo momento es consciente de la responsabilidad que supone semejante papel y desde ese respeto logra bordar uno de los mejores papeles de su carrera.

El film nos lleva a reflexionar sobre cómo grandes glorias pueden entrañar buena parte de dolor, pero también nos demuestra que es posible transformar pequeños dolores en nuevas oportunidades, todo depende de la mirada con la que nos enfrentemos a ellos. Y he aquí el fondo del ejercicio introspectivo que supone esta obra para su creador, pues todos los dolores acumulados durante una vida le han abierto las puertas de una nueva gloria con una película que se ha convertido ya en una pieza imprescindible del universo almodóvar.

Seguramente para muchos se encontrará lejos de algunos de los trabajos más representativos del director. Algo lógico si tenemos presente la motivación principal de una película que nace de la necesidad de su creador de dirigirse en primera persona y sin rodeos hacia su público con el único propósito de contar su propia historia, a su propio modo.

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