Críticas

Un verano ardiente

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Frédéric (Louis Garrel) ama a su esposa Angèle (Monica Bellucci) en lo más profundo de su ser. Pero ya no la mira ni la adora como antaño y el vacío se ha ido acrecentando entre los dos. En medio de esta crisis matrimonial, Paul (Jérôme Robart) y Elisabeth (Céline Sallette), dos actores figurantes amigos de la pareja, son invitados a instalarse en su enorme villa romana. Desde su llegada, ellos se convertirán en testigos oculares del naufragio de un magnético matrimonio que arrasará todo lo que encuentre a su paso y pondrá en jaque la relación entre los recién llegados.

Con el fin del amor como telón de fondo, el singular cineasta Philippe Garrel vuelve a ponerse tras las cámaras para dirigir una cinta melodramática, fiel a su estilo vanguardista con influencias de la Nouvelle Vague y de Jean-Luc Godard, y protagonizado una vez más por su afamado vástago Louis Garrel, en compañía esta vez por la exuberante Monica Bellucci.

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La interpretación de los dos es notable y logran salir airosos de unos personajes tan convexos como egoístas, ahogados por los dramas de la cotidianidad. Además, la diva italiana deslumbra una vez más al público con una secuencia de baile rebosante de erotismo, e incluso con un desnudo, la nota candente del film.

No obstante, Un verano ardiente pierde fuelle en su segunda mitad, cuando el desenlace es evidente incluso para las miradas más despistadas, y se recrea un tanto excesivamente en la emotividad de Frédéric, ralentizando el relato y tornándolo en ocasiones inanimado.

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Esta nueva cinta del director de Los amantes habituales (2005) enamorará a sus seguidores incondicionales por contener la más pura esencia poética Garrel, pero no es recomendable para públicos menos defensores del cine experimental que terminarán por inquietarse soberanamente en sus butacas.

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