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Nada parece tan arbitrario como clasificar las películas por géneros. Henri Agel

El verano es ya inminente, y con él las preciadas vacaciones de las que algunos afortunados disfrutaremos en breve. Un ejercicio típico de esta época calurosa y soleada es espachurrarse en el sofá, poner una película en la televisión y echar la siesta… pero mucho cuidado si os ponéis un western para relajaros. Que no os engañen su paisaje árido, los sombreros marrones o los revólveres plateados: el western tiene muchas sorpresas.

No todo lo que reluce es oro, y no todos los westerns son iguales. Más allá de los tópicos sobre el género, hoy os he preparado una selección de cinco westerns que escapan a todas las etiquetas para convertirse en cine en estado puro, sin más. Así que nada de dormir la siesta: estos cinco westerns van a conseguir que te replantees todas las ideas que tenías sobre las películas del oeste. Desempolva tu sombrero, vaquero, y ajústate el cinturón de balas. Empecemos:

1. Johnny Guitar (1954)

Nuestra lista, ordenada por orden cronológico, se inicia con una pieza maestra del cine de los años ’50. Nicholas Ray consiguió con este film algo sólo al alcance de los más grandes: cargarse los tópicos. Nada de indios. Nada de duelos. Johnny Guitar es la historia de un antiguo pistolero que ha cambiado las armas por una guitarra; el reencuentro con su viejo amor y su relación de amor/odio convierten lo que habría podido ser una simple película de pistoleros en una obra muy teatral, psicológica incluso.

Las interpretaciones del fallecido Ernest Borgnine, Joan Crawford y muy especialmente Mercedes McCambridge (la “villana” del film) son soberbias. La película es conocida actualmente por su banda sonora y por la trillada frase “dime que me quieres aunque sea mentira”. Se trata de un film romántico que algunos críticos apodaron “western psicológico”, y que resulta imprescindible de ver si te gustan los westerns antiguos.

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2. El sargento negro (1960)

John Ford está considerado un director ineludible para entender bien el género del western. Gracias a él los westerns son como son hoy en día. Sin embargo, con El sargento negro, Ford consiguió romper los esquemas que él mismo había creado. Nos encontramos ante otro filme teatral, lento, con personajes trabajados y no exento de una fuerte crítica social.

Un sargento nordista de raza negra es juzgado por un tribunal por un crimen del que se declara inocente. Mediante el uso de flashbacks vamos reconstruyendo qué ha pasado realmente, convirtiendo una película del oeste en una historia de investigación criminal. Con un final soberbio, se trata de un filme muy indicado si te gusta la intriga y ver un film noir con una ambientación distinta a la habitual.

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3. El tiroteo (1966)

Pasamos ahora a un western casi filosófico o espiritual. Una misteriosa mujer contrata a un pistolero para que le ayude a matar a un hombre. Jack Nicholson acompaña a la pareja en su odisea por el desierto. Nicholson se nos muestra en uno de sus mejores y más olvidados papeles, el de un pistolero siniestro e irónico, sin muecas, sin caras raras, sin sobreinterpretaciones.

El periplo ocupa la mayor parte del film, rodado con maestría por Monte Hellman (quien, por cierto, produjo la primera película de Quentin Tarantino, Reservoir Dogs). El final, que no pienso desvelaros, da un giro total al film y lo convierte en una pieza eterna. Imprescindible si te gusta el cine de ideas y disfrutar con las interpretaciones de una historia.

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4. El gran silencio (1968)

Una aclaración: este soberbio western de Sergio Corbucci no debe confundirse con otra película de igual título pero muy posterior. Dicho esto, El gran silencio nos presenta una historia típica (el malo persigue al bueno) pero usando elementos totalmente inusuales en el género. Empezando por el escenario, un paisaje invernal y nevado, y continuando por sus dosis de humor o por su final -censurado en algunos países por su crudeza-, nos encontramos ante una historia sencilla contada con mucha gracia.

Un pistolero muy hábil, apodado “el gran silencio” debido a que no puede hablar, se dedica a proteger a los bandidos que viven exiliados en las montañas. Un cazarrecompensas sádico, magistralmente interpretado por Klaus Kinski, le persigue. Muy indicada si quieres ver un spaghetti western excepcionalmente crudo.

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5. El topo (1970)

Siguiendo la estela de El Tiroteo, el director chileno Alejandro Jodorowsky rodó un western muy salvaje, alucinante y simbólico que algunos clasifican como “Acid Western”. Se trata de un western que hace una alegoría de la Biblia; repleto de anacronismos, violencia más o menos gratuita y escenas eróticas, en su momento creó un fuerte impacto y a día de hoy las opiniones sobre esta película son muy dispares. Dividido en dos partes (asimilables al Antiguo y al Nuevo Testamento), se trata de una auténtica rareza no apta para todos los públicos. Film de auténtico culto, no podía faltar en una lista de westerns atípicos.