Manda Historia al 0073 y tendrás tu serie, película o telefilm preferido ambientado en la época que desees. Eso es la historia para el séptimo arte, casi en su mayoría de veces. No hay más que ver Amar en tiempos revueltos, Águila Roja, El patriota, Gladiator…
La industria del cine, que debería ser prima-hermana de la Historia, pasa por encima de los hechos históricos, una y otra vez, sin compasión, arrollando el sentido común. Isabel, el nuevo culebrón medieval, al menos demuestra tener buena intención, pero es el reflejo perfecto de las carencias de este género. Y no, no es culpa del cine, es culpa de los historiadores.
El elitismo está instaurado en las humanidades. Todos los catedráticos de historia se muestran reacios a participar en series de TV, en apoyar proyectos cinematográficos… porque para ellos la historia debe ser contada en libros. Si valen de 30 € para arriba mejor. Y cuanto menos gente los lean, más obra de arte será ese ladrillo cultural. Y el que participa… es casi un hereje.
Es imposible que haya buenas películas de historia, si los estudiosos de la historia no se vuelcan (los que quieran) en el cine. Por mucho que un director como Ridley Scott quiera dirigir El reino de los cielos y sepa sobre su contexto y los hechos, alguien tendrá que decirle que Castilla y Aragón no estaban unidos por aquel entonces, que la bandera no puede estar en esa película, o que la bravura y los discursos memorables en el campo de batalla son pura ficción, y solamente quedan bien incrustados en El Señor de los Anillos.
¿Mi consejo? Criticar todo lo criticable este tipo de films. Destrozar las series. No verlas. Pelear por una cinematografía digna. Es más fácil hacer una película de la II Guerra Mundial, o del IRA, son hechos recientes… Pero no es imposible mejorar. La perfección es imposible, pero no buscarla es una falta de respeto.