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Críticas

Bonsái

Existen películas predestinadas a deslumbrar a la crítica internacional presente en un sinfín de festivales de prestigio y a propiciar el rechazo de todos aquellos espectadores que acuden al cine una tarde o una noche en busca de entretenimiento y desconexión. Bonsái, el segundo largometraje del chileno Cristián Jiménez después de Ilusiones ópticas, es uno de estos casos.

La película se estrenó en 2009 en el Festival de San Sebastián, ha estado presente en el Festival de Cannes, entre muchos otros, y obtuvo el premio a la mejor película en el Festival de La Habana. Con todo, dudo mucho que ese éxito se refleje en las salas de cine de nuestro país en las que puede verse desde este 24 de agosto.

La historia, inspirada en la novela de igual nombre de Alejandro Zambra, se centra en Julio (Diego Noguera), un intento de escritor que decide utilizar su primer amor como trama para su primera novela. El film transcurre de este modo en dos tiempos que a su vez se dividen en varios capítulos siguiendo la estructura de una libro. De esta manera conocemos su historia de amor con Emilia (Natalia Galgani), a quien conoce en la universidad, y sus inicios en la pasión compartida por la literatura. La otra trama tiene lugar 8 años después, en un momento en el que su vida carece de esa pasión sentimental y se reduce a una extraña relación con Blanca (Trinidad González), su amante y vecina.

Aunque estéticamente se consigan planos repletos de belleza visual, la falta de actividad y de ritmo en la mayoría de sus escenas hacen que el espectador tenga que hacer un gran esfuerzo por mantener su interés por la historia y por unos personajes que durante la mayor parte del tiempo esconden sus sentimientos y se muestran como seres planos, carentes de emociones. Algo totalmente intencionado por parte del director, que defiende que el hecho de guardarse para sí un sentimiento no significa que no exista.

El bonsái sirve como una metáfora sobre el amor correctamente realizada y presentada pero que no aporta nada novedoso, y es que la comparación entre el amor y las plantas es ampliamente conocida por el gran público.

En Bonsái lo de menos es lo que pueda ocurrir. De hecho, en su cartel han tenido la osadía de contar el final adelantando que Emilia muere y Julio no. Lo realmente importante es la manera de contar las cosas, la profundidad de sus mensajes y la idealización de la vida de escritor. Absténganse de ir a verla aquellos que busquen un film en el que se desarrollen innumerables acontecimientos, se trata de una película únicamente recomendada a aquellos que echen de menos algo diferente, innovador y arriesgado.

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Periodista. 29. Barcelona. Vivo enamorada del cine desde que tengo uso de razón en todos sus géneros, épocas y orígenes. El motociclismo, la fotografía, la lectura y la comunicación son mis otras grandes pasiones.

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