Después de una espera un tanto larga, y varios retrasos en el estreno, por fin llega Carrie a los cines. Quizás no sea de los remakes más ansiados por el espectador, pero si que despierta cierto interés por como se habrá adaptado a nuestros tiempos esta mítica historia, hecha ya película en 1976 por Brian De Palma. Lo cierto es que como dice un buen amigo mío, cuando una película se retrasa tanto, y tiene tantas promociones y campañas virales, el resultado que se suele obtener suele ser negativo.
No obstante, creo que Carrie sorprenderá positivamente a todo no escéptico. Quizás a los escépticos también, pero eso ya sería mucho hablar. Tras las cámaras tenemos a Kimberly Peirce, quien alcanzó la fama por dirigir la aclamada Boys Don’t Cry, que hizo ganar a Hilary Swank su primer Oscar. Peirce da a Carrie un lavado de imagen, lleva la técnica a nuestros tiempos y hace de los poderes de la niña un espectáculo visual.
Puede que no se haya esmerado en darle a la historia un toque personal, algo que dejara su huella y que evitara ese tópico que suele aparecer de «es prácticamente idéntica a la original». Aún así, vivimos en la era del remake, con lo cual no es de extrañar que se mantenga fiel con algún leve cambio técnico. La película empieza bien. Me ha gustado ese comienzo siniestro que deja caer que no todo lo que vas a ver a continuación son inocentes historias de instituto americano.
Carrie es seria, eficaz, y profundiza en la protagonista. Puede que se exceda de «light» en algún que otro momento del metraje, pero bajo mi punto de vista merece la pena la espera. Llegado el momento, Carrie, como es lógico, no se corta un pelo en coger un punto macabro. ¿Quizás demasiado tarde? Esa es la cuestión. No hace falta que contemos la historia porque algunos la conocen y otros aún esperan jugar con el factor sorpresa, pero no creo que sea una película mal organizada.
Su duración de 100 minutos evita sensación de pesadez y tedio, y hace al espectador sentirse cómodo y entretenido. Tal y como llevo años diciendo, Chlöe Grace Moretz demuestra que es una de las actrices jóvenes más en alza del momento. Sus trabajos en importantes producciones la preceden, y en este caso, nos presenta a una Carrie White más seria, más triste, más oscura y extrañamente entrañable a la vez.
Creo que tiene una prometedora carrera por delante, y que por ahora lo está haciendo muy bien. Como co-estrella tenemos a Julianne Moore, impecable como siempre. Encarna a Margaret White, la estrambótica madre de Carrie. Lo cierto es que Margaret es un personaje muy a tener en cuenta, manejado a las mil maravillas por esta actriz que si hay algo que tiene es talento, experiencia y buenas películas en su haber.
Carrie no es uno de los remakes pretenciosos y extremadamente taquilleros que últimamente Hollywood nos muestra. Es una opción factible, que al menos a mi, me ha resultado mejor de lo que esperaba.