45 años

Las relaciones de pareja durante la vejez, después de toda una vida compartida, están cada vez más presentes en los estrenos de los últimos años. Al leer el argumento de 45 años, es inevitable recordar otros títulos recientes como Amor de Michael Haneke, Corazón silencioso de Bille August o Ático sin ascensor de Richard Loncraine, que con estilos muy diferentes nos adentraban en el torrente de emociones, recuerdos y dificultados que toda pareja entrada en años suele llevar sobre sus hombros.

Como bien dicen, en ocasiones las comparaciones son odiosas, y en esta ocasión la nueva película del británico Andrew Haigh sale perdiendo de esa comparativa de la que es difícil escapar. A tan solo una semana del 45 aniversario de boda de nuestros protagonistas, él recibe una carta en la que se le notifica que ha sido encontrado en los Alpes el cuerpo congelado y sin vida de la que fue su primer amor.

45 años

La noticia cae como un vaso de agua helada en la pareja, sumiéndolo a él en un estado de nostalgia constante y dejándola ella desesperada por sus propios celos irracionales. Y esto es todo lo que puedo contar de la trama de la película, no solamente porque no quiera hacer spoilers, sino porque es lo poco que sucede durante 93 minutos que parecen no tener fin por la falta de nuevos acontecimientos.

Por mucho que se deba reconocer el magnífico trabajo de Charlotte Rampling (Caótica Ana), lo cierto es que la falta de ritmo consigue que rápidamente pierdas todo interés por saber cómo superará la pareja el mal trago y más aún con lo que les deparará esa fiesta de aniversario por la que los dos han perdido la ilusión. Así, una historia que podría haber dado mucho más de sí y un reparto de con dos grandes veteranos al frente acaba siendo un emotivo film, pero fallido en su objetivo de mantener la atención de su público.