En un derroche de colorido e imaginación, el director chino Tian Xiao Peng nos adentra en las profundidades marinas para conocer a Shenxiu, una niña que lleva el pesado sentir de haber sido abandonada por su madre años atrás. En ese extraño viaje descubrirá un restaurante-submarino, en el que acabará formando parte de su peculiar equipo, siempre bajo la protección (a regañadientes) de su excéntrico chef, showman y propietario.

Impresiona la calidad visual de este film de animación, que combina a la perfección los detalles realistas en la creación de sus personajes con un entorno de explosión de acuarela. Al margen del argumento, la imagen te cautiva de inicio a fin por su belleza y espectacularidad, siendo sin duda lo mejor de la película. En cuanto a la trama, hay que reconocer que en ocasiones nos enreda en exceso en la obsesión de la pequeña por descifrar la relación que guarda toda esa aventura con su madre ausente.

Conforme avanza la historia, invade la sensación de estar nadando y nadando, envueltos en la locura de todos esos seres marinos, sin tener nada claro hacia dónde nos están conduciendo ni si todo ello acabará teniendo algún sentido. Pero, ¡vaya si lo tiene! Todo empieza a encajar a un ritmo acelerado en sus últimos 30 minutos, en los que toda esa fantasía desbordada conecta con la realidad. Y lo hace con el sentimentalismo justo para emocionarnos y empatizar con la protagonista.

Deep Sea. Viaje a las profundidades se convierte así en un trabajo brillante e inspirador dentro de su género, que hará disfrutar especialmente a los amantes de la animación.