Aunque la transgresora y visionaria escritora Doris Lessing nos dejara el pasado noviembre, sus obras permanecerán para siempre en los anales de la literatura universal gracias a su incisiva prosa rebosante de feminidad. Y precisamente de esa exuberante feminidad nos habla Dos madres perfectas, la adaptación cinematográfica de su novela Las abuelas (2003) realizada por la cineasta francesa Anne Fontaine.
La cinta sigue los pasos de Roz (Robin Wright) y de Lil (Naomi Watts) dos amigas inseparables desde la infancia que ven como sus lazos se estrechan con la muerte del marido de Lil. Vecinas bien avenidas y compañeras de confidencias, poco a poco las dos mujeres forjarán una amistad inquebrantable que se extenderá a sus dos vástagos masculinos y dará lugar a un cuarteto indivisible cuyo amor colonizará las playas de la más virgen Australia.
La directora de Coco: de la rebeldía a la leyenda de Chanel lleva ahora al cine un clásico literario internacional pero sin perder un ápice de su sugerente estilo cargado de sensualidad. En esta ocasión sus sensuales aliadas son Naomi Watts y Robin Wright, dos sirenas adultas cuyos esculturales cuerpos y madura belleza se apoderarán de la Gran Pantalla con la ayuda de una fotografía paradisiaca del litoral australiano y una música de desbordante emoción.
La interpretación de ambas es sobresaliente dada la complejidad de unos personajes que son madres pero también mujeres y por ello, navegan en constante debate entre la pasión y la razón. Por lo demás, la cinta experimenta ciertos altibajos a partir de su segunda mitad por alejar la cámara de la trama y recrearse en las historias personales de los dos jóvenes, unos personajes tan egoístas como altaneros y poco capaces de transmitir emociones, al contrario que sus respectivas madres y amantes.
Ellos son la lujuria personificada pero también la inmadurez masculina de unos adonis carentes de todo compromiso con las nuevas familias que han fundado. Porque habiendo conocido el paraíso, el mundo terrenal les parece poco. Dos madres perfectas es un huracán emocional que sobresaltará al espectador de su asiento no tanto por la belleza de sus imágenes como por los prejuicios contra los que arremete en favor del amor libre.
Los pecados compartidos no son tan pecaminosos parece ser la máxima de este metraje cuyo desenlace no dejará a nadie indiferente en lo que a sentimientos encontrados se refiere. La película de Anne Fontaine podrá no convencer a los más escépticos pero a buen seguro permanecerá en las retinas de la audiencia por mucho más tiempo del que duran sus fotogramas ya que encierra un seductor drama emotivo del que no es fácil escapar.