Cuando el viento se levanta, el drama está garantizado. Este flujo de gases a gran escala ha dejado históricamente la desgracia a su paso y a menudo continua siendo preludio de las más feroces catástrofes naturales de las que Japón no ha podido escapar. El cineasta Hayao Miyazaki rinde ahora homenaje a este fenómeno atmosférico en El viento se levanta, un film que con una amalgama de géneros en sus fotogramas encandiló a la crítica en su estreno internacional y le valió una nominación a los Oscars 2014.
El aclamado realizador nipón se despide del cine de animación con esta adaptación de la novela homónima de Tatsuo Hori sobre uno de los ingenieros aeronáuticos más prodigiosos de todos los tiempos: Jirō Horikoshi, el creador del avión de combate Zero, encargado del ataque kamikaze a la base militar de Pearl Harbor que a su vez propiciaría el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Con una animación old school y predominio de los colores pastel, Miyazaki se adentra en la vida de un genio olvidado por la historia, a caballo entre artista y héroe, cuyos sueños pasan por ver surcar los cielos a propios aviones. De la mano de este singular ingeniero con verdadera vocación creadora, nos sumergiremos en el Japón del pasado siglo y viviremos episodios dramáticos de su historia más reciente como el terremoto de 1923.
La vida de Jiro se convertirá pronto en los anales de Japón y como tal, en más de una ocasión deberá renacer de sus cenizas tras una debacle monumental. Aunque la trama está en su conjunto bien planteada, el relato se desdibuja en excesivas ocasiones y termina por desconectar al espectador del biopic con sus subterfugios de ingeniería aeronáutica y las frecuentes ensoñaciones de su protagonista.
Tampoco logra emocionar con su relato de amor entre el héroe miope y la joven convaleciente, en parte porque las formas de expresión de este sentimiento en la cultura nipona distan mucho de la concepción occidental del amor pasional y efusivo. Además, el largometraje pasa de puntillas por la política japonesa, utilizando durante todo su montaje un tono aséptico que deja a merced del público todo juicio a su agresiva política exterior de la primera mitad del siglo XX.
Con todo, la cinta goza de una belleza lírica característica del director de Mi vecino Totoro, cuyos fans incondicionales no se pueden perder. No obstante, El viento se levanta no es la película familiar que pretende su tráiler ya que contiene demasiado drama reprimido y numerosas prerrogativas históricas y literarias fuera del alcance de los más pequeños. Salvando estas dificultades, cuando el viento se levante, la emoción está asegurada.