La jaula de oro, primer largometraje del director español Diego Quemada-Díez ha llegado a nuestras pantallas. Y seguramente se trate de una muy buena película con la que ir cerrando este 2013. Nos cuenta la historia de dos chiquillos que deciden abandonar su aldea entre la frontera de Guatemala y México y emprender un viaje a Estados Unidos en busca de la libertad.
Pronto se les suma un indígena que a pesar de no hablar el mismo idioma sí comparte un destino, incierto aún. A medida que transcurre la película vemos cómo los personajes se ven obligados a dejar su infancia y sueños atrás, cómo tienen que enfrentase a situaciones duras, a personas que se aprovechan de ellos, a tomar decisiones difíciles, pero sobre todo se nos muestra el sentimiento que nace entre ellos.
Quemada-Díez, ha conseguido realizar un cine social-crítico en el que quedan reflejados muchos de los problemas a los que se enfrentan los inmigrantes hoy en día, desde la corrupción policial, ver de lo que es capaz una persona bajo presión, contrabando de drogas hasta temas más delicados como el contrabando de drogas y las condiciones en las que realizan estos viajes.
No nos explica por qué sus personajes han decidido huir de su hogar ni qué esperan al llegar a esa “tierra prometida”, tampoco importa. Lo mismo que no traduce las palabras de Chauck –el indígena- para que así recibamos la misma información que la pareja de amigos. También como elemento propio del cine de producción independiente, la cámara se vuelve un elemento vital, se introduce en la historia como un personaje más.
Esta road-movie que ya ha conseguido cautivar al público y jurado de Cannes que la vio viene cargada de emociones, de una fotografía espectacular y de un guion simple pero que llega directo. Además durante toda su duración los actores intercambian miradas de complicidad y se muestran a la altura de esta historia tan real como la vida misma. Sin duda ocupará un buen lugar en la crítica, esperamos que le vaya igual de bien en los cines.