Tras su casi oscarizada aparición en Moneyball, Brad Pitt vuelve a la gran pantalla encarnado en uno de esos tipos duros que el futuro flamante marido de Angelina Jolie suele bordar. Cuando se trata de ser frío, solitario, distante con los que lo rodean, Pitt saca a relucir su lado más arrogante que, paradójicamente, tan bien conecta con en el espectador. Si en Moneyball se ponía en la piel de un jugador de béisbol frustrado y reconvertido en malhumorado director general de los Oakland Athletics, en Mátalos suavemente (‘Killing them softly’) Pitt es un asesino a sueldo contratado por la mafia para poner fin a los robos en sus partidas de poker.
Bien es cierto que la película se vende con Pitt como actor principal y omnipresente, pero no es menos cierto que su aparición se hace de rogar y en algunos momentos las actuaciones del resto del elenco eclipsan la llegada estelar de Pitt. Su fuerte irrupción es el foco de la segunda parte de la película y su personaje, como hemos comentado frío y solitario, recuerda a otros ‘asesinos’ de la gran pantalla como el personaje de Javier Bardem en No es país para viejos o el de Ryan Gosling en Drive.
Mátalos suavemente es una nueva demostración de que el thriller como género anda revolucionado en esta segunda década de siglo. Precisamente Drive, la aclamada película de Nicolas Winding Refn que se encargó de mostrar el camino del género reconvertido, guarda muchas reminiscencias con este film de Andrew Dominik, que a su vez intenta añadir nuevos ingredientes con mayor o menor éxito.
La trama, oscura y sangrienta, luce en los momentos de violencia más explícita, en los cuales a Dominik le vienen al dedillo los nuevos recursos del thriller contemporáneo, recreándose con los efectos especiales a la vez que los acompaña de una musicalidad que no tiene la necesidad de ir al compás con aquello que sucede. Así, podemos estar delante de la escena más ‘negra’ y con más balas a ritmo de Johnny Cash.
Pero, y como no estamos hablando de una obra maestra tiene que haber peros, Mátalos suavemente es esclava de sus palabras. La película abusa en ciertos momentos de diálogos estériles, detalles innecesarios y que, al fin y al cabo, no servirán para avanzar en la trama, más bien la convertirán en algo tediosa.
Todo ello, recubierto casi psicotrópicamente de una gran metáfora con la que Dominik quiere ilustrar el capitalismo y la sociedad de nuestros días y que, a la postre, servirá para entender el comportamiento de algunos de los personajes. El impactante inicio fotográmico y la frase lapidaria con la que concluye la película dan, positivamente, buena cuenta de ello. En definitiva, Mátalos suavemente es un experimento algo peligroso de Andrew Dominik que puede saltar por los aires con su palabrería pero que finalmente da resultado gracias a las brillantes interpretaciones, la de Brad Pitt entre ellas, y a los momentos de thriller más puro y duro. – Por Pau Vituri


