De todo seguidor del cine europeo es sabido que la comedia francesa es una de las mejores. Normalmente suelen tener bastante éxito, ya que refrescan al público con un humor sano que da mucho juego. Además, dichas comedias suelen coronarse con una pizca de sentimentalismo que hace que, finalmente, acabemos al borde de la lágrima tonta. Este verano llega a nuestros cines, el 17 de Agosto para ser más exactos, Quiero ser italiano.

Se trata de una comedia que aborda temas como la religión, el racismo, el amor, e incluso la mentira y el perdón. A simple vista, puede parecer un argumento atractivo con aspecto de poder estirarse mucho, pero en mi opinión no es para tanto.

Sí que es verdad que en los últimos años la comedia francesa ha logrado mucho, sobre todo películas como Bienvenidos al Norte o Intocable. Parece que, desde entonces, hay muchas imitaciones o muchas películas que luchan por llegar a tener el mismo éxito. No digo que sea el caso, pero Quiero ser italiano parece un intento pretencioso y fallido de triunfar en taquilla.

No hay duda de que su humor es bueno y nos hace reír en ocasiones, pero menos de lo que precisa un público que está acostumbrado a comedias galas con un listón muy alto. Además, a mitad de la película deja de haber esas sorpresas que hacen que el film siga siendo interesante. Se vuelve un poco previsible y al final no consigue dar esa sensación de asombro al público. Es como si ya estuviera todo establecido y escrito desde el principio.

Si tuviera que escoger algo en concreto de la película, no dudaría ni un segundo en quedarme con su protagonista, Kad Merad. Llevo siguiéndole varios años de su carrera porque me parece un actor de comedia bastante bueno. Le hemos visto en Los chicos del coro, en Bienvenidos al Norte, y en la reciente La guerra de los botones. Siempre da la talla y hace que la película en sí se apoye en él consiguiendo por su cuenta un protagonismo innegable.

El resto de actores también lleva bien sus papeles, pero como digo no hay quien discuta el enorme protagonismo de Kad Merad. Dirige Olivier Baroux, cómico y cineasta francés con una corta filmografía. Aún con esas, no es la primera vez que cuenta con Merad para protagonizar alguno de sus films.

Para acabar, decir que Quiero ser italiano no es una comedia de las que hacen historia, más bien pasa desapercibida. Sin embargo, para todo aquel que ame el cine francés y a los actores del país vecino seguro que verla es una forma agradable de pasar un buen rato en el cine.