
En el mundo entero es conocida la trágica historia de amor de Romeo y Julieta, sin duda una de las obras más famosas y popularizadas de William Shakespeare. Pero muy pocos (por no decir nadie) repararon en qué podría haber ocurrido con un personaje tan secundario como crucial en esa historia: la joven Rosalina. Si recordáis, cuando Romeo conoce a Julieta se supone que está perdidamente enamorado de otra, tanto es así que es por ella por quien se juega el tipo y se cuela en la fiesta de máscaras de los Capuleto en la que acaba por descubrir a su amor verdadero.
La película de Karen Maine pretende reparar la injusticia cometida con ese personaje olvidado y tapado por la historia, poniendo a Rosalina en el centro de la historia como mujer despechada, y lo hace con un punto de humor y parodia en todo momento acertadísimo. Ese toque de comedia y de mezcla de lo medieval con lo moderno y actual nos recuerda irremediablemente a la divertida Destino de caballero.

La mayor parte del encanto de la película recae en la carismática interpretación de Kaitlyn Dever (Súper empollonas), que se enfrenta a los estereotipos de la época desde el empoderamiento de una óptica actual. También hay espacio desde sus secundarios para la crítica a las clases sociales y a la homofobia. Y como colofón, la BSO con versiones de temas modernos nos deja claro que Rosalina no es una película de época al uso.
En definitiva, una vuelta de tuerca a la historia convencional, con aires frescos y renovados, que nos demuestra que todo hecho varía en función de la óptica desde la que se mire.