Tengo ganas de ti es una película aparentemente pensada únicamente para hacer dinero. Y la estrategia no ha ido nada mal. La cinta ha conseguido superar el millón de espectadores en 10 días y ya suma unos 6,62 millones de euros, según informa Rentrak y recoge El Economista.
El objetivo de conseguir la máxima recaudación hace que aspectos importantes como el guión queden en segundo plano, y en Tengo ganas de ti se nota, y mucho. Pero eso no importa, siempre y cuando aparezca el bombón de Mario Casas (Hache en la película) y consiga una y otra vez atrapar a las espectadoras más jóvenes (y no tanto) y a sus respectivas parejas que se ven arrastrados y arrastradas a las salas de cine de todo el país.
La secuela de Tres metros sobre el cielo tenía mucho que ganar pero poco que perder. El éxito estaba asegurado con la expectación que se había creado desde la primera entrega, y si además le añades la fidelidad del público adolescente en estas circunstancias y un bombardeo publicitario incesante, blanco y en botella: prometía ser un taquillazo, y así fue.
La historia en sí no tiene nada, aunque no es nada nuevo respecto a su predecesora. La típica historia de amor entre la niña mona (María Valverde) y el malote de turno (Mario Casas), casualmente se conocen, se enamoran y la cosa acaba como el rosario de la aurora. Eso sí, la primera entrega tenía más aspectos salvables, divertida y amena, sorprendente en algunas escenas y entretenida, pero Tengo ganas de ti pierde esa frescura.
Una trama forzada, nada espontánea ni natural y un reparto que, en general, deja un poco que desear. Salvo excepciones, claro, como la puesta en escena de Diego Martín, que interpreta al hermano mayor de Hache o su amiga atormentada, Marina Salas, que consigue transmitir mucho más al público que los tres coprotagonistas juntos. Otra de las actrices que merece la pena destacar de la película es Cristina Plazas, quien interpreta a la madre de Babi y que aporta mucho a la trama gracias a su magnífica aunque muy breve interpretación.
Como colofón de la trama, aparece la tercera en discordia, Gin (Clara Lago) que sale de la nada y de una forma un tanto curiosa, por no decir extraña y completamente desconcertante. Ella tiene la función de ser lo homónimo en mujer de Hache, una rebelde que va por la vida aparentemente vacilando a todo el que se encuentra. Gin aparece en la vida de Hache nada más llegar de Londres, donde ha pasado los dos últimos años, y es la pieza del puzle que le falta al chico malo para enmendar los errores del pasado (al fin y al cabo la excusa para la secuela) y conseguir la vida que siempre había querido. Pero no es tan fácil. Babi (María Valverde) no se ha olvidado de él, y habrá reencuentro para la tranquilidad de las fans.
Una película que pretende llevar a la gran pantalla una vez más el Best Seller de Federico Moccia, aunque me gustaría saber la opinión que le merece al archiconocido escritor italiano dicha cinta. Y es que Fernando González Molina, que repite al frente de Tengo ganas de ti tras el rotundo éxito de Tres metros sobre el cielo, se permite alguna que otra licencia, como es normal en todo director. El guionista, Ramón Salazar, se limita a presentar diálogos breves y superficiales, a lo que imagen y sonido hacen el resto.
En definitiva, Tengo ganas de ti es una película entretenida, sobre todo para las y los fans de la primera entrega, pero algo decepcionante respecto a esta. Tiene escenas logradas en todos los aspectos, pero la previsibilidad de los hechos no la salva de ser una historia de amor más. Un triángulo amoroso con escenas tórridas (muchas, dicho sea de paso) envueltas de una tragedia tras otra que se van encadenando a lo largo de los minutos.
Bien para pasar el rato, pero mucho me temo que solo superará a Tres metros sobre el cielo en la recaudación, que sigue en alza y que con solo 10 diez días en pantalla ya ha alcanzado dos tercios de la recaudación total de la primera entrega hace dos años.



