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Cuando me dijeron hace una semana que iba a ver El consejero, no pude evitar crearme ciertas expectativas. Afrontémoslo, ¿quién no lo hubiera hecho? Michael Fassbender liderando un gran reparto, Cormac McCarthy (The Road) guionizando el proyecto y Ridley Scott tras las cámaras es pura fórmula de Oscar. O eso debieron pensar los productores que dieron luz verde a esta historia de pérdida de inocencia, protagonizada por un abogado que se introduce en el mundo del tráfico de drogas.

Pero de expectativas no se rueda, y en este caso estas difieren mucho de lo que ha terminado siendo la realidad de este proyecto. El Consejero es, en pocas palabras, un gran encadenado de diálogos, con más o menos acierto, e hilado de secuencias, con más o menos coherencia, todo ello edulcorado con poca acción para lo que en un principio parece prometer.

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Narra un mundo cruel, que absorbe y carece completamente de sentimientos y moralidad, y lo que es peor, refleja la dirección de un Scott completamente desaparecido. Bajo la trama de los personajes subyace una sensación de abandono. Sientes como si Scott se hubiera limitado a grabar un proyecto que en manos de otro o de él mismo de verdad hubiera sido cine del bueno. Pero falta él. Falta su visión. Falta un director. Y he ahí el principal problema de la cinta.

No todo es malo. El Consejero tiene potencial, y este se deja ver a lo largo de la película. El reparto brilla, es de lo mejor de una cinta donde Fassbender vuelve a realizar una interpretación espectacular, capaz de cambiar de registro tantas veces haga falta como ascensos y caídas tenga su personaje.

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Tiene escenas verdaderamente buenas y situaciones naturalmente cómicas que te arrancan una irremediable carcajada. Tiene escenas que permanecerán guardadas en mi retina y en las de muchos de los espectadores. Tiene dialéctica sexual, y tiene quizás excesivo metraje. Tiene a McCarthy. Tiene a ese brillante reparto. Tiene a Ridley Scott. Tiene esto y más. Pero con todo ello no termina de tener lo que hace falta para ser una gran película.

No es una mala producción. Soy sincera y así lo pienso. Y si he dado esa impresión, releed mi frase anterior. Porque el gran problema de El Consejero es que más que mala película, por las expectativas autogeneradas y externamente generadas,  lo que produce es cierta decepción.