Los Premios Oscar, es bien sabido, fueron creados fundamentalmente como vehículo de promoción de las películas estrenadas a lo largo de un año. El reconocimiento y el homenaje vienen después. Pero entre ese amplio abanico de categorías sí existe una claramente divulgativa: la de Mejor Película de Habla No Inglesa. Más allá de poner la guinda a la exitosa carrera comercial de algún largometraje extranjero, como ha pasado algunas veces, es este un galardón que sirve para colocar en primera línea a algún director poco conocido. Y es una excelente tarjeta de presentación. El festín de Babette logró ese honor en 1988, año en que competía nuestra Asignatura aprobada, de José Luis Garci.

Adaptada a partir de un relato de Isak Dinesen, la danesa que nos brindó sus Memorias de África, cuenta la historia de dos hermanas dedicadas a la congregación creada por su padre. El severo y devoto recuerdo del mismo empaña su existencia. Rechazados y olvidados ya sus amores de juventud, viven una plácida existencia hasta que Babette, una fugitiva de la guerra franco-prusiana, llama a su puerta en busca de hogar, cobijo y trabajo, aunque sea sin retribución. La frescura y el carisma de la francesa supondrán un pequeño torbellino para los habitantes del pueblo. Pasados los años, Babette decidirá servir una cena que resultará toda una experiencia.

El cuento original, rico en matices y personajes, se traslada al guión de forma admirable, alargando algunos pasajes para equilibrar el pasado y el presente de la historia, ayudándose de una voz en off. Bellamente fotografiada y ahora disfrutable en todo su esplendor tras su restauración, muestra todo un catálogo de entrañables personajes tras los que encontramos a la musa de Bergman, Bibi Andersson, y a Birgitte Federspiel y Bodil Kjer –la actriz que dio nombre a los Premios de la Academia Danesa– en la piel de las dos hermanas.

Frente a todos ellos, la pasión del personaje de Stéphane Audran, sensacional y emotiva Babette que convierte una experiencia culinaria en algo memorable y extrasensorial. Una buena oportunidad de acercarse al cine danés, de cuyas bondades ofrece buena muestra este largometraje. La mejor frase de la película: “A la lengua no la puede domesticar ningún hombre; es demonio indisciplinado y lleno de veneno mortal”. Por Jesús Blanco