BAISER FORET

Por Raquel Planas. A pesar de no haber leído la novela de Boris Vian en la que se basa la película, tenía bastantes expectativas puestas en La espuma de los días, ya que contaba con todos los ingredientes para convertirse en una de las mejores películas francesas del año: el siempre innovador Michel Gondry; y algunos de los pesos pesados del cine galo, Romain Duris, Audrey Tautou, Gad Elmaleh y Omar Sy.

La puesta en escena es apabullante, y tras los primeros minutos de sorpresa ante tal despliegue de recursos visuales y trastos –demasiados trastos-, la película empieza a agobiar, y tanto cachivache suelto se vuelve pesado. Además, la gran imaginación de Gondry, que sin duda ha cuidado hasta el detalle, deja en un segundo plano a la historia. Y es una lástima, porque con dos actores de la talla de Duris y Tautou podría haberse creado una trama sobre la pérdida del ser querido mucho más sólida y dramática.

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De hecho, al acabar la película me quedé con la sensación de que se había desaprovechado a estas grandes figuras del cine francés, no solamente a los dos protagonistas, sino también a los secundarios de lujo con los que contaba: Omar Sy y Gad Elmaleh. Sus personajes no están bien desarrollados, no se logra conectar con ellos, y en muchos momentos cuesta entender por qué actúan de la manera en que lo hacen.

A pesar de ello, no hay que quitar mérito a la propuesta visual del director. Al principio todo es color, luz y alegría. El director se ayuda de la enorme cantidad de trastos y fantasía para recrear escenas en las que todo es maravilloso y las preocupaciones no existen. Los protagonistas son felices, y toda la parafernalia que les acompaña contribuye a acentuar esta alegría.

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Sin embargo, a medida que avanza el film y la tragedia se empieza a mascar en el ambiente –desde el momento en que Chloé se traga el nenúfar-, toda esa atmósfera de felicidad se va apagando. La angustia y desesperación no solo se reflejan en los personajes, sino también en todo los que les rodea, hasta acabar con una cinta en blanco y negro. Por tanto, La espuma de los días decepciona. No por la puesta en escena de Gondry, que aunque agobia un poco es espectacular y está pensada al detalle, sino por el aspecto narrativo, que no acaba de enganchar al espectador –seguramente en gran parte porque en muchos momentos de la historia estará más pendiente de los creativos trastos que de la trama en sí-.

Te deja con la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que finalmente es.