La felicidad nunca viene sola se nos presenta como una comedia francesa a la que le acecha una buena aceptación en taquilla de un modo extraño. En el país galo tienen un público que acepta muy bien las comedias románticas y las comedias en general, pero de lo que no estoy yo tan seguro es de que triunfe aquí. La cinta se estrena en nuestro país el 3 de Agosto y, siendo este verano cita de algunas películas de gran nivel y con una segura consolidación en taquilla, sinceramente dudo mucho que sea demasiado vista.

Esto no quiere decir que sea una mala película, para nada. Es una película divertida, con golpes de humor y esas cosas que suceden en las comedias románticas. Quizás ese sea el problema, que es igual que prácticamente cualquier comedia romántica. Tiene un poco de todo de lo que se puede esperar de este género. Hablo de amor, de sexo, de discusiones, de reconciliaciones… los clichés típicos.

Otro de los problemas es su duración. Personalmente, veo a esos 110 minutos como excesivos, ya que hay muchas partes del film cuanto menos prescindibles. No hubiera sido necesario tener al espectador casi dos horas delante de la pantalla para contar esta historia. Por paradójico que parezca, me ha gustado la película y me ha resultado entretenida en cierta medida. No olvidemos que el cine está hecho para que lo disfrutemos como podamos.

Bien es verdad que de original la película tiene poco. Un chico llamado Sacha acostumbrado a ligar con chicas jovencitas y a salir con sus amigos de borrachera, conoce a una mujer que cambiará su forma de ver el mundo. Le hará plantearse varios aspectos de su vida, aunque no lo va a tener tan fácil si quiere estar con ella. Durante la película conoceremos a Sacha y a quienes le rodean, a su círculo más cercano. Es además un gran pianista al que le surgirán muchas oportunidades de triunfar, en las que dudará si anteponer el trabajo al amor o viceversa.

La felicidad nunca viene sola está dirigida por James Huth, un director y realizador francés con una corta filmografía a sus espaldas. En 2009 llevó al cine real la historia del vaquero Lucky Luke, con una película del mismo nombre y con el oscarizado Jean Dujardin como protagonista. El reparto lo encabezan Sophie Marceau y Gad Elmaleh. La primera es una actriz que saltó a la fama por su rol en la película Braveheart de Mel Gibson, y que en esta comedia tiene el papel de Charlotte, una mujer separada por partida doble y con tres hijos.

Gad Elmaleh es un cómico marroquí con mucho prestigio en Francia y esta vez actúa como Sacha, el protagonista. Lo cierto es que ambas interpretaciones son agradables y ninguna de las dos resulta poco profesional.

Probablemente pase desapercibida por taquilla, pero el intentarlo vale la pena. Desde el principio sabremos lo que vamos a ver y como acabará la película, pero no todo el mundo exige demasiado, con lo cual puede gustarle a mucha gente.