Noé

No soy precisamente una apasionada de los relatos bíblicos. Sin embargo, esta nueva adaptación del Arca de Noé, uno de los pasajes más famosos de la Biblia, evidencia las magistrales dotes cinematográficas del aclamado director y guionista Darren Aronofsky por ser capaz de reinventar uno de los grandes capítulos de la literatura cristiana en 138 minutos y no aburrir soberanamente al público en el intento.

Echando mano de prerrogativas bíblicas pero también de alguna que otra licencia argumental, el director de Cisne negro convierte en Noé lo sagrado en un blockbuster eficiente que a buen seguro recaudará lo necesario para cubrir sus 130 millones de dólares de presupuesto. Todo ello es no obstante posible gracias a un montaje que no escatima en efectos especiales y a un reparto de lujo encabezado por el brillante Russell Crowe, habitualmente providencial en todos sus registros.

Noé

Noé es ante todo un relato de aventuras que huye de fundamentalismos y moralinas cuyo único elemento polémico reside en el nombre de sus protagonistas. La trama comienza con un impactante salto temporal desde los días del pecado original hasta la infancia de Noé y pronto Russell Crowe invade la pantalla en la piel de un héroe desencantado con la Humanidad y encargado de propinarles a sus semejantes una severa lección.

Con la ayuda de su prole, él construirá el Arca encargado de la supervivencia de las especies animales a excepción de una sola: la humana. A pesar de que carecer de un brillante guión, el film se sostiene por la interpretación de sus personajes, en su mayoría complejos y divididos entre las más bajas pasiones y el estricto sentido del deber moral. Muy destacable es la interpretación de Emma Watson, muy lejos ya de sus días como Hermione Granger, y encargada ahora de ser el personaje desequilibrante que pondrá a Noé contra las cuerdas de su fe.

Noé

Prescindible es quizás el personaje del rey  Tubalcaín (Ray Winstone) y su guerra declarada contra el protagonista y su familia pues su aparición es del todo contingente para la historia principal, y la batalla más bien parece insertada por obligación que por verdadera exigencia del guión. Con una fotografía envidiable y rebosante de simbolismos, Noé entraña a su vez un mensaje crítico con el comportamiento humano de ahora y de siempre porque lo cierto es que no hemos cambiado apenas desde la creación. O al menos así lo presenta Aronofsky en esta ambiciosa cinta de aventuras capaz de entretener por igual a impíos y devotos.