Rastros de sándalo

El pasado 28 de noviembre se estrenó Rastros de sándalo, la última película de Maria Ripoll. Ésta ya ha ganado el Premio del Público en el Festival de Montreal, formó parte de la selección oficial de la Seminci de Valladolid, fue la película inaugural del Indian Film Festival The Hauge y la de clausura del Most Festival de Vilafranca del Penedès. En pocas palabras, ya ha tenido un gran recorrido.

Está basada en la novela co-firmada por Asha Miró y Anna Soler-Pont, que salió a la luz en el año 2007 y da nombre a la película. Desde los inicios de la creación de la misma, Anna Soler-Pont ya había comenzado a escribir el guión, pero al tratarse de un proyecto muy ambicioso debido a todas las localizaciones necesarias –Etiopía, Cuba, India y Barcelona- se centró en una sola trama, la de dos hermanas indias separadas a la fuerza y reunidas casi 30 años más tarde.

Rastros de sándalo

Así pues, Rastros de sándalo cuenta la historia de Mina –Nadita Das-, una actriz india de éxito en Mumbai que no puede olvidar a su hermana pequeña Sita, de quien fue separada a la fuerza después de la muerte de su madre. Treinta años después, Mina se entera de que Sita está bien y vive en Barcelona. Ahora se llama Paula –Aina Clotet-, es bióloga y no tiene ningún recuerdo de su pasado. Paula emprenderá el viaje de descubrimiento de su verdadera identidad con la ayuda de Prakash –Naby Dakhli-, un atractivo inmigrante indio que vende películas de Bollywood en el barrio barcelonés del Raval.

María Ripoll lo ha vuelto a hacer, después de la que fue su última película, Tu vida en 65 minutos, vuelve a emocionarnos y enamorarnos. Ratros de Sándalo mezcla con facilidad y ternura el caos de Mumbai, con la Barcelona. En esta última paseamos por sus calles, visitamos el puerto, el Parc Güell y nos perdemos por las calles del Raval junto a Paula.

Rastros de sándalo

Pasados los primeros 15 minutos del film, quizás los más lentos, pero no por esto innecesarios, en ningún momento pierde el ritmo, y es entonces cuando nos sumergimos en la aventura de Mina, y su objetivo: encontrar a su hermana, se convierte en el nuestro. Sin embargo, es la aparición de Aina Clotet la que más emociona, la que más sentimientos nos despierta. Pasamos del amor al rechazo con timidez y ojos llenos, a veces, de lágrimas.

Se han juntado el hambre con las ganas de comer, y hemos acabado con una pequeña joya del cine catalán y nacional, que posiblemente pase desapercibida entre el público pero tendrá –espero-, gran presencia en los próximos Premios Gaudí.