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El nuevo trabajo de Nicole Holofcener (una de los muchos directores de la serie Sexo en Nueva York) es un claro ejemplo de la evolución que el género de las comedias románticas ha desarrollado en los últimos años. Los primeros y apasionados amores que siempre han caracterizado este tipo de películas dejan paso a las segundas oportunidades para «personas fofas y de mediana edad» que retoman la ilusión tras la decepción de un matrimonio fallido.

Este nuevo enfoque se traduce en un resultado más tierno, auténtico y acorde a la realidad de lo que estábamos acostumbrados. En ese sentido, Sobran las palabras cumple con esa nueva naturalidad y la espontaneidad de un guión cómico y romántico en su justa medida. El film huye de cualquier exceso. No te hará reír a carcajadas ni te mantendrá con el corazón en un puño de tanta pasión, pero a cambio te dejará con una gran sonrisa y alguna que otra lagrimilla derramada por los momentos más emotivos.

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El argumento es bien sencillo, no plantea nada especial ni una trama que te mantenga con la intriga de qué pasará al final pero tampoco es necesario. La gracia del film reside en cada una de sus escenas y el fondo social que representan, en su guía por el día a día de unos personajes tan realistas como la vida misma.

Sobran las palabras nos ofrece también la oportunidad de ver a un correcto James Gandolfini (Los Soprano) en uno de los últimos trabajos que pudo realizar, totalmente diferente al que recordamos. El actor supo dejar atrás la dureza que tanto ha definido su filmografía para mostrar su cara más tierna y adorable. Pero si alguien brilla con fuerza en esta película es su protagonista, una magnífica Julia Louis-Dreyfus (Seanfield) que nos brinda los momentos más divertidos del film.

Puede que no sea una de las comedias románticas que más recuerdes, no será una de las mejores películas que hayas podido ver, pero sabe cumplir con el cometido de mantenerte entretenido durante hora y media. Si eso es lo que estás buscando no te la puedes perder.