Presentar una película en la que aparece un Abraham Lincoln convertido en la peor pesadilla de un clan de vampiros es algo de lo más arriesgado por lo exageradamente descabellado que seguramente le parecerá a muchos espectadores. Pero conseguir que este planteamiento no solamente sea aceptado sino que además resulte entretenido es una proeza de la que el director Timur Bekmambetov puede sentirse muy orgulloso.

Y es que Abraham Lincoln: Cazador de vampiros no tiene nada que envidiar a otros trabajos del género vampírico. Con sus buenas dosis de acción os mantendrá atentos a la pantalla de principio a fin y os dejará asombrados en más de una ocasión.

Afortunadamente, consigue cuadrar la historia del conocido presidente y la situación política del momento con toda una comunidad de vampiros dispuesta a marcar terreno y  adueñarse del país. El tema de la esclavitud y la Guerra de Secesión juegan un papel crucial en la trama del film. Todos los acontecimientos quedan cuidadosamente enmarcados en un escenario cargado de historia, sangre, violencia y unos efectos especiales que en su gran mayoría consiguen dar la talla.

Especialmente espectaculares son las escenas de la original lucha en medio de una estampida de caballos y de la emboscada del tren. Todo lo que cualquier amante de las emociones fuertes necesita para disfrutar como un niño.

Las interpretaciones de todo el reparto, especialmente las de Benjamin Walker (Banderas de nuestros padres) en el papel del joven Lincoln, Dominic Cooper (Mamma Mia!) y el siempre excelente en este tipo de trabajos Rufus Sewell (Destino de caballero), hacen posible que la historia resulte verosímil y que lo que en un principio pudiera provocar nuestras reticencias se convierta en una oscura y revitalizante película de acción.

Con todo, es cierto que, como suele ocurrir en este tipo de películas, se ha pecado en algunos momentos con escenas demasiado forzadas que resultan increíbles hasta para un film como Abraham Lincoln: Cazador de vampiros en el que lo imposible está a la orden de la día (o de la noche). Y es que un solo hombre sea capaz de enfrentarse a semejante cantidad de vampiros enfurecidos con su hacha en ocasiones puede ser demasiado, por mucho que seas el presidente de los Estados Unidos.

En definitiva, una recomendable opción para aquellos que no sepan qué hacer con lo que queda de cartelera veraniega.