Amor en su punto

Las comedias románticas están explotadas en todos sus ángulos, se miren por donde se miren. Pero recurrir a la gastronomía como aliciente para llamar la atención del público es en cierta manera original y tiene un encanto simpático. No obstante, también puede pasar que una película se precipite al vacío si la ejecución del planteamiento se queda en mera teoría. Se pueden tener todos los ingredientes y que a la comida le falte sal.

Eso es exactamente lo que le ocurre a Amor en su punto. La historia transcurre en Dublín, donde un crítico gastronómico de corte engreído, Oliver, pasa por una etapa de crisis profesional. Todo cambia cuando conoce a Bibiana una española afincada en la ciudad que le enseñará a guiarse por el corazón y no tanto por el estómago. El argumento tenía filón comercial por su temática gourmet y por su estilo con trasfondo bicultural sentimental.

Amor en su punto

Prometía momentos románticos y divertidos «en su punto» con personajes que se comunican constantemente por el método spanglish. Pero, la realidad es que cuando te encuentras en el visionado se destapa una trama sosa, a medias y pasable por la fotografía (Andreu Rebés) y por el inmaculado intento de una brillante Leonor Watling y de Richard Coyle para salvar la producción.

Lo bueno de esta peculiar comedia quizás sea su falta de pretensiones, deja claro que la única intención de su recorrido es animar las salas del cine con una apuesta llena de comida, romance obvio y buenas interpretaciones. La banda sonora recae en Ray Harman, compositor especialista en series inglesas tales como Love/Hate o Hide Seek. La música es totalmente complementaria a las escenas, los acordes del violín fusionados con el piano te llevan hasta el mismísimo corazón de la tierra de leyendas.

Sorprende y se echa en falta algún tema de Marlango en los soundtracks pero Leonor Watling fue rotunda en su negativa de mezclar sus dos grandes pasiones en un mismo trabajo. Teresa de Pelegrí y Dominic Harari, vuelven con una comedia para amantes del buen comer y con estructura similar al largometraje Seres queridos. Amor en un su punto se deja ver y es entretenida  si no llevamos grandes expectativas.