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Cuando Daniel Calparsoro estrenó su anterior película, Invasor, hubo mucha gente que habló de que su guión era disparatado. Bien, aquel guión es tan real como la vida misma si lo comparamos con el de Combustión. Esta vez al mismo director y a los guionistas se les va de las manos la historia, dejándonos con un guión plagado de huecos incomprensibles y con diálogos tan absurdos que durante el pase de prensa despertaron las risillas de los presentes allí.

No hablo de los actores (todavía), ni de los planos, ni tampoco de la música o montaje, simplemente la trama deja muchísimo que desear y no da ni para entretener. A la media hora de película ya uno se lleva las manos a la cabeza, y todo va de mal en peor.

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Tengo entendido que ha sido una producción bastante cara, y que además la calidad con la que está rodada es excelente. Y recuerdo que antes de finalizar el rodaje de Combustión, ya se la comparaba con la saga Fast&Furious, aunque a la hora de ir conociéndola no tiene nada que ver. Es una película de carreras ilegales y atracos, y le falta mucho para que pueda ser comparada de manera coherente con una producción estadounidense.

Pero repito, este no es el tema por el cual la película no me gustado. Hay superproducciones que tienen un guión muy malo, y no salen adelante, y Combustión va a tener ese lastre. Eso sí, no olvidemos que por la música, la historia y los actores, la cinta está destinada a un público adolescente que busca la adrenalina y la velocidad, el ver Porsches y Ferraris y alguna que otra escena caliente.

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Creo que me toca empezar a hablar del reparto. En cierto modo no es una de las cosas que más chafado me han dejado. Empiezo por Alberto Ammann, que se mete en el rol de atracador malote y poco piadoso de un tipo llamado Navas. El argentino siempre ha cumplido en sus actuaciones y bien es verdad que Ammann hace de Navas el personaje más interesante de Combustión.

Álex González empieza gustándome pero su personaje se va diezmando y si comienza siendo un atrayente interrogante, acaba siendo un tipo muy predecible. Él es Mikel, y acabará siendo «el pardillo» para los que vayan saliendo de la sala. En cuanto a Adriana Ugarte, para mí deja bastante que desear. No sé, su interpretación de la pícara Ari es un tanto forzada en las escenas «románticas», y no la veo a la altura de sus dos compañeros. Lo que me ha despertado una sincera sonrisa ha sido ver el corto papel que tiene Luis Zahera, un actor español grande donde los haya.

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En resumen, la cartelera ofrece títulos más atractivos que Combustión y eso el espectador va a saberlo ver. Es una pena porque siempre me gusta hablar bien de una película nacional, pero cuando no se puede, no se puede.