Dom Hemingway

¡Ha vuelto Tarantino! ¿Por qué firma ahora bajo el pseudónimo de Richard Shepard? ¿Desde cuándo la violencia con el fin de divertir, la obscenidad como base humorística, y el desenfreno y la intensidad son los pilares de otros directores? Menudo cóctel de película y menudo sorbo dulce tiene el guión cuando Jude Law hace su mezcla desde la chulería y el papel de su vida.

Vienen a la cabeza tantas fuentes de inspiración para la inmediata obra de culto de Shepard… Pulp Fiction, GTA San Andreas, los Coen, Homero… ¿Y qué mas da? La originalidad está sobrevalorada y agotada, por lo que recomiendo abrir los ojos al snob y hacer disfrutar a los sentidos con esta hora y media de metraje… ¡Hasta su duración es una gozada!

Dom Hemingway

Noventa minutos para moverse veloz y fluidamente entre tres historias con desenlace rocambolesco e hilarante, para sumar más desquicios al montón de Dom Hemingway, un filósofo de barrio bajo inglés que a cada zancada con los pies abiertos recuerda al mancuniano Liam Gallagher, intervenido por esa virilidad que siempre han potenciado hombres como Johnny Cash, dándole el toque de profeta y disidente que siempre ha coloreado la atmósfera de su tocayo de apellido Ernest Hemingway.

Romper los esquemas del cine a mediados del 2014 es una grata sorpresa con la que afrontar los próximos estrenos. Hacer un monólogo inicial sobre barbaridades perfectamente dramatizado y ricamente elaborado justifican la inversión en la entrada. Dom Hemingway es una película, que al igual que su personaje principal, destaca de entre la multitud intentando ser diferente aunque ello no traiga reconocimientos desde la corte y su séquito. Así que para ser claro y conciso, diré: la mejor película de este 2014 (por ahora).