Ha vuelto. Son Goku regresa para salvarnos una vez más. De nuevo el famoso guerrero despeinado, de nuevo su archienemigo y fiel escudero Vegeta, de nuevo Piccolo, de nuevo el orondo Monstruo Bu. 17 años después, vuelve una historia del universo Dragon Ball con Toriyama – su creador original- siendo parte del proyecto.
Dragon Ball Z: La batalla de los dioses es una historia de hora y media, simple, alegre, entretenida y concisa pensada para llevar a los niños, y que al adulto las bromas le pillen por sorpresa para acabar riendo. Tras una vida de ausencia, el film es un homenaje a todo lo visto en la etapa anterior. Aparecen todos los personajes que marcaron a una generación, dando la sensación de que se busca atacar a la vena melancólica de éste, y contraatacar a las nuevas generaciones que el máximo contacto con este mundo ha sido a través de videojuegos, de Dragon Ball Evolution (un ERROR mayúsculo) o de Dragon Ball GT (una creación de la que Akira Toriyama quiso desmarcarse rápido).
Ahora Goku tendrá que enfrentarse al dios de la destrucción, un nuevo enemigo que despierta después de una «siesta» de 39 años. La historia empieza donde acaban los cómics, y por su desenlace (muy pobre, pero misterioso) parece que tendremos Dragon Ball para rato, y en diferentes formatos.La película desempolva los valores y puntos fuertes de esta saga.
Humor directo y sencillo, batallas épicas, una trama con un malo malísimo que surge de la nada y miles de vaivenes que desequilibran la balanza del combate. Dragon Ball fue para muchos lo que Harry Potter para otros. Lo que El Señor de los Anillos o Star Wars para jóvenes y adultos. Lo que Matrix o Regreso al futuro.
Un mundo propio con el que soñar que puedes volar, que los malos siempre pierden, que hacer el bien tiene recompensa y que no hay nada mejor que aprender un poco más cada amanecer. Soñar es gratis, pero exige imaginación. Por eso la vuelta de Toriyama y Goku relaja nuestras neuronas, que solo tendrán que deleitarse.