El Gran Hotel Budapest_353

Mi desafortunada experiencia con anteriores películas de Wes Anderson, como Moonrise Kingdom o Los Tenenbaums. Una familia de genios, pronosticaba lo que finalmente acabó por suceder: sufrí más que disfruté su nueva y disparatada obra. Y eso que, como sus predecesoras, El gran hotel Budapest tiene todo lo necesario para convertirse en una obra maestra.

Su primer punto a favor salta a la vista, un cartel de lujo con actores como Ralph Fiennes, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jude Law, Edward Norton o Tilda Swinton hacen que el alto nivel interpretativo esté sobradamente asegurado. En este sentido la película no defrauda, los villanos son más malvados que nunca y los héroes hacen gala de su inteligencia en su continuo intento de resultar vencedores.

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Visualmente El gran hotel Budapest es una delicia, un cuento hecho realidad en el que los colores y la inmensidad artística de cada plano nos adentran en un mundo que difícilmente podamos encontrar más allá de nuestros sueños. Aportan además lo necesario para que todo momento de comedia lo sea. Una BSO perfecta se suma a lo mencionado para hacer posible que lo que se nos muestra en la pantalla se convierta en verdadero arte al instante.

Imagino que te estarás preguntando qué es entonces lo que falla, por qué un trabajo tan virtuoso puede haberme decepcionado tanto. La respuesta es bien sencilla, y es que pese a todo la historia que se nos cuenta, el hilo conductor de lo que ocurre no llega a interesarme en ningún momento, dejándome en el amargo y fatigoso estado de la indiferencia permanente.

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Nada de lo que ocurre me preocupa o motiva, por lo que esa persecución en la que se convierte El gran hotel Budapest acaba por adentrarme en un agobiante o claustrofóbico universo en el que nada parece tener fin. Y en esas te encuentras comprendiendo que lo que ven tus ojos es verdadero arte, una clase magistral de buen cine que sin embargo, por alguna razón, no consigue cautivarte. Creedme, no hay nada más desmoralizador.

En resumen, antes de ir a verla preguntaos a vosotros mismos qué os parecieron las anteriores obras de Anderson. Si las disfrutasteis no os podéis perder esta obra, se convertirá en vuestra favorita del peculiar director. Ahora bien, si no os convencieron ni lo más mínimo evitadla, me lo agradeceréis.