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Un andaluz que se enamora de una vasca y decide ir al País Vasco a buscarla, ¿qué puede pasar? El resultado es una película que en su primer fin de semana de emisión, ha sido el largometraje más visto en los cines españoles. Emilio Martínez-Lázaro dirige esta cinta, director acostumbrado a la comedia, como son sus anteriores trabajos El otro lado de la cama o Los dos lados de la cama.
Una muestra de la buena comedia española, que en estos años está ganando mucha fuerza con trabajos como Primos, 3 bodas de más o Promoción fantasma. Ocho apellidos vascos se presenta como una comedia española que saca partido de esos tópicos andaluces y vascos que todos conocemos: cultura, lengua, gastronomía, sociedad… Pero siempre con la intención de agradar y hacer reír.
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Se aleja de los tabúes, basa su guión en chistes y un humor previsible, pero en realidad es lo que el espectador busca. Se presenta como una comedia romántica, donde el público puede prever lo que va a suceder, y quizás el encanto de la película no está en eso, sino en la forma de contar la historia y su continuo juego de humor y guasa. Una perfecta dicotomía entre la parodia de los tópicos y los convencionalismos del sur y el norte de España.
El reparto de la película cuenta con actores muy conocidos como son Clara Lago, Karra Elejalde, Carmen Machi, y el debut de Dani Rovira. Lo más esperado era la interpretación del malagueño, que ya era conocido por sus monólogos, pero que no ha dejado indiferente a nadie ya que afortunadamente no ha caído en la sobreactuación. Ha sabido realizar en su justa medida la parodia tanto andaluza como la imitación vasca.
Una actuación muy equilibrada que ha logrado su fin, la risa. Magnífico papel también el del padre de la novia, que explota al máximo su papel vasco, que es el otro lado de la balanza de Rafa, y que lo mantendrá al límite siempre. Clara Lago y Carmen Machi, dos actrices muy bien elegidas y muy acertadas en sus papeles, dejan muy buenos momentos.
La película y todo lo que le rodea y compone, juega siempre con esos tópicos pero sin caer en lo extremista. Se elige en la ambientación lugares muy reconocibles para el espectador, contextos y situaciones comunes. Una banda sonora que no se libra tampoco de los tópicos, con la que podremos escuchar entre otras cosas sevillanas. Una comedia que hace que el espectador salga con una agradable sensación y con una sonrisa.