Este verano nuestras pantallas se han llenado de películas de animación para que los más pequeños puedan disfrutar de una tarde entretenida. La última ha sido La casa mágica, dirigida por Ben Stassen y Jeremy Degruson, que llegó hace apenas unos días.
Cuenta la historia de Trueno, un gatito que ha sido abandonado por su familia y busca resguardo durante una noche de tormenta. Entonces, llega hasta una enorme y extraña casa en la que habita un viejo mago rodeado de deslumbrantes autómatas y artilugios, además de un conejo y una ratita, que no le pondrán nada fácil la convivencia a nuestro protagonista.
Cuando el mago acaba en el hospital, la situación empeora, pues el sobrino de éste tiene la intención de vender la mansión y sacar provecho de la situación. Trueno se muestra decidido a luchar por lo que quiere y salvar su nuevo hogar, por lo que pide ayuda al resto de habitantes de la mansión, que acaban haciéndole caso, mostrándose unidos. Bueno, casi todos.
Sin duda es una película con la que los niños no solo disfrutarán, sino que aprenderán valores como el compañerismo y la importancia de no abandonar animales, pues es algo que se recalca durante toda la película –quizá en ocasiones de manera demasiado explícita-.
Desde el primer minuto se le coge cariño a Trueno, nuestro gatito naranja, y queremos saber cómo termina su historia junto al mago, otro personaje que los más pequeños amarán, no solo por la capacidad de hacer cosas fantásticas y los aparatos que posee, también por su amabilidad y carácter cariñoso.
Otro punto a favor, es que la película da lugar al humor y a la aventura, pues se enfrentarán a situaciones de conflicto provocadas por el sobrino. Además, es muy dinámica, y aunque abusa un poco de planos típicos de videojuegos, la facturación de la imagen es muy buena, destacando colores muy vivos.
Tenemos que decir que al final del pase al que asistimos, un niño gritó “¡quiero comprarme esta peli!”, así que no dudamos de que consigue cumplir con los requisitos indispensables de este público.