Pixels, la nueva película de Columbus, llegó a nuestros cines el 24 de julio. Postulaba a blockbuster veraniego en este mes de agosto, pero no parece haber conseguido sus objetivos.
Cuenta cómo unos extraterrestres malinterpretan imágenes de videojuegos enviadas al espacio como una declaración de guerra y deciden atacar nuestro planeta enviando dichos juegos como modelos para el asalto. El presidente de EEUU, Will Cooper (Kevin James), recurre entonces a su gran amigo de la infancia y campeón de las maquinitas de los años 80, Sam Brenner (Adam Sandler), para encabezar un equipo de expertos jugadores de su época (Peter Dinklage y Josh Gad) cuya misión será derrotar a los extraterrestres con la ayuda de armas preparadas, y salvar al planeta.
Lo malo de Pixels es que está dirigida a jóvenes que no vivieron el esplendor de estos videojuegos, por lo que no llegan a establecer una conexión real. Los adultos, que sienten nostalgia de la década de los años 80, tampoco consiguen un vínculo con el film, que deambula entre chistes fáciles y algunos comentarios sexistas.
Sin embargo, a pesar de muchos vacíos de argumento, el ritmo rápido que coge después del flashback inicial, hace que pases una hora entretenido. Sandler está en su salsa, y nos guste más o menos, alguna carcajada soltamos. También con Peter Dinklage del que, personalmente, esperaba algo mejor. Aún así, su personaje vive situaciones tan surrealistas como una cita con la tenista Serena Williams, con las que no puedes evitar sonreír.
Es una película hecha entre colegas, y se nota. La química en pantalla no falta, y se agradece, ya que el argumento, como hemos dicho, se queda en la cuerda floja. Otro punto a favor, es que a pesar de su ritmo rápido –bien acompañado por la BSO-, la mayoría de los planos son estáticos y se puede disfrutar del despliegue de efectos especiales empleados.
En definitiva, no es un peliculón, ni llegará a ser el taquillazo del verano, pero es muy amena, te ríes y no tienes que pensar mucho. Perfecta para una tarde en la que te apetezca desconectar.