Algunas películas tienen la capacidad de conectar con nosotros al instante. Hacen que nos sintamos extrañamente identificados, aunque sus protagonistas no tengan nada que ver con nosotros y pese a que lo que les ocurre diste mucho de asemejarse a nuestro modo de vida. Con todo, consiguen que nos sintamos absolutamente cómodos con lo que nos cuentan y que deseemos no llegar a ver nunca los créditos finales. Esto es lo que experimenté al ver Mistress America, el nuevo film de Noah Baumbach en el que vuelve a contar con su mujer Greta Gerwig para el reparto y el guión.
Tracy (Lola Kirke) inicia una nueva vida al mudarse para estudiar en la universidad. Es una chica solitaria a la que le apasiona leer y escribir y que tiene como objetivo lograr el reconocimiento de los demás. Su vida cambia al conocer a su futura hermanastra, la alocada y divertida Brooke (Gerwig), una treinteañera que se convertirá en su inspiración y en su más íntima amiga.
A partir de este momento nos enamoramos de esta pareja de protagonistas, admirando su capacidad de lucha y su ilusión por alcanzar sus sueños y aceptando con cariño y comprensión su fondo lleno de enormes contradicciones. La frescura que ambas desprenden y sus situaciones tan hilarantes como divertidas nos llevan a disfrutar de principio a fin de esta nueva obra del cine independiente americano.
Su banda sonora está completamente en sintonía con la autenticidad de sus protagonistas, con una selección que recuerda a los maravillosos temas de Drive. Os garantizo que una de las primeras cosas que haréis al salir del cine es añadir la banda sonora de Mistress America a vuestra lista de reproducción.
En definitiva, esta comedia dramática es uno de esos films que te deja con ganas de más, de seguirles la pista a sus personajes, de poder disfrutar por más tiempo de sus conversaciones y de su extraña y divertida facilidad para complicarse la vida.