Paul Weitz aterriza en nuestras pantallas con Grandma, una road-movie muy especial encabezada por Lily Tomlin –qué mujer- y Julia Garner, haciendo de abuela y nieta respectivamente.
La película empieza con Elle –Lily- rompiendo su relación de forma muy cruel con Olivia –Judy Greer-, a quien echa de su vida –y su casa- de forma despiadada. Sin embargo esa crueldad desaparece en una escena íntima cargada de dolor por parte de Elle, aunque no nos da tiempo a procesar bien los sentimientos contradictorios de una de nuestras protagonistas, porque enseguida aparece Sage –Julia Garner-, para contarle a su abuela que necesita 600 dólares. ¿Para qué?, para abortar. Se ha quedado embarazada sin desearlo y tiene cita concertada esa misma tarde.
¿Qué hacer cuando tu abuela ha roto todas sus tarjetas de crédito para decorar la casa y tú no tienes ni 40 dólares? ¿Qué hacer cuando estás en banca rota y tu nieta te pide ayuda? Ambas se embarcan en una aventura que dura menos de 24 horas, separada en “capítulos” o secuencias que sacan a relucir lo mejor y peor de ellas. Aunque, en este caso lo peor, podría ser también lo mejor que tienen.
No llega a la hora y media, y aunque al terminar la cinta quieres más, esto podría ser uno de sus secretos. No hay nada que sobre, está muy bien medida. Hay planos secuencia que se quedan cortos por el ritmo interno del diálogo y actuaciones. Hay también planos detalles que destacan elementos por los que podemos conocer a los personajes, además de ser puro deleite visual, porque son sencillos, pero bonitos. En esta película eso de que “lo bueno, si es breve, dos veces bueno” se cumple a la perfección.
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Tengo que reconocer que al principio estaba un poco descolocada, y no sabía si estaba bien reírme con algunas de las intervenciones de Elle, pero eran tan sinceras, a pesar del cierto tono resentido, que era imposible no hacerlo. Es muy curioso ver cómo abuela y nieta se relacionan entre ellas a través de diálogos cargados de dardos, y otras veces de amor puro. Sin destripar mucho, que no nos gusta hacer spoilers, uno de los momentos que más me emocionó fue en el que Sage le pregunta a su abuela si de joven no le gustaban las mujeres, y ella responde que no se gustaba ella.
En definitiva, Grandma no es una película acerca de la decisión de abortar, ni de relaciones homosexuales, ni una road-movie como las que conocemos. Ni siquiera es una película acerca de la familia, o sí… quién sabe. Grandma va de la vida misma, de las personas en general, de decisiones del pasado que afectan al futuro y decisiones que afectan al presente. Personalmente, si queréis reír y sentir, id a verla. Yo entré sin expectativas y salí con una paz interna considerable.