Lo que puede dar de sí un Erasmus. Todos los que hemos vivido esa maravillosa experiencia sabemos que el Erasmus no acaba cuando lo hace el intercambio en el extranjero sino que se convierte en una prolongación de nosotros mismos dispuesta a acompañarnos el resto de nuestras vidas. Y eso precisamente le ocurre a Xavier (Romain Duris). Este joven parisino que una década atrás nos guió por la vida Erasmus en Barcelona vuelve a alzar el vuelo, en esta ocasión con destino Nueva York.
Sin embargo, las cosas han cambiado y en lugar de diccionarios de castellano y catalán, su equipaje de mano son ahora Tom y Mia, dos alegres niños fruto de su relación con una de sus compañeras de intercambio. Pero a pesar del cambio de continente, el amor volverá a enredar la vida de Xavier y Wendy (Kelly Reilly), Isabelle (Cécile de France) y Martine (Audrey Tautou), las tres mujeres de su vida entrarán en escena también en la Gran Manzana.
El cineasta galo Cédric Klapisch retoma en Nueva vida en Nueva York (Casse-tête chinois o lo que es lo mismo, Rompecabezas chino) la historia que lo proyectó a la fama internacional de la mano de Una casa de locos (2002). Además de descubrir a la entonces debutante Cécile de France, la cinta logró colarse en los institutos de media europa como herramienta de promoción del programa europeo sin duda más exitoso desde su nacimiento: el programa Erasmus.
El director francés nos presenta 12 años después a unos personajes ya maduros y acechados por los problemas típicos de la madurez. La paternidad, la estabilidad y la cuarentena se adueñan de las vidas de este poliédrico cuarteto en esta tercera entrega de lo que se ha convertido ya en una saga sobre las aventuras y desventuras de un parisino siempre en busca del amor. De la mano de una mimada iconografía, el film nos traslada al caótico y cosmopolita Nueva York en el que la prisa no es una opción.
Su asfalto pronto se convertirá en escenario de momentos de tristeza pero también de felicidad de un Xavier obligado a empezar de cero por tener cerca a sus pequeños. Porque en Nueva York se parte siempre del suelo y el cielo es el límite. Así, nuestro valiente protagonista acabará habitando un pequeño apartamento sin vistas en Chinatown donde, dicho sea de paso, no dejará de recibir huéspedes y visitantes.
Nueva vida en Nueva York cuenta con un montaje fiel al estilo de su director, con saltos temporales y una cuidada fotografía que hace justicia a la ciudad a la que representa y no faltan los enredos amorosos o los giros argumentales de última hora. El único pero quizás recaiga en su excesiva duración pues los casi 120 minutos de metraje resultan en alguna ocasión largos para el relato que narra.
Con todo, sus personajes te atrapan porque no dejan de abrirse ante la cámara, desentrañando sus sentimientos y miedos de un modo dosificado pero suculento. Cécile de France vuelve a brillar sobre el resto del reparto en la piel de Isabelle, una compleja mujer que no quiere dejar de sentirse viva digan lo que digan los convencionalismos sociales. Audrey Tautou tampoco pasa desapercibida por la notable evolución de su personaje y por su increíble monólogo en chino.
No obstante, el joven debutante Pablo Mugnier-Jacob en las carnes de Tom, el hijo de Xavier, será a buen seguro quien enternecerá más al público con su mirada azul verdosa y con sus audaces intervenciones. La cinta es asimismo un pequeño homenaje a la literatura y a la figura del escritor contemporáneo, con frecuentes disgresiones literarias y referencias a los filósofos alemanes de mayor renombre.
Nueva vida en Nueva York es por tanto la entretenida pieza final que le faltaba a este rompecabezas chino fruto de un transcendental Erasmus en Barcelona, imprescindible para los defensores y simpatizantes del amor como una servidora.