Parece innegable que la realización de ciertos filmes está orientada a crear polémica. Si nos ceñimos a la época más contemporánea podemos encontrar la deplorable A Servian Film de Srdjan Spasojevic, si tiramos un poco hacia atrás nos encontraremos con la ya película de culto Holocausto caníbal de Ruggero Deodato, y si tiramos aún más atrás El último tango en París de Bertolluci.
Son películas que pueden tener poco interés cinematográfico pero que gracias a la aura con la que han estado envueltas (aura de polémica) siguen visionándose de forma constante. No querría comparar el film de Lars von Trier con los dos últimos ejemplos expuestos, ya que el danés ha creado una obra interesante y multifacética, en contra de lo que muchos creíamos que sería imposible que el polémico director pudiera volver a dirigir.
Nymphomaniac Parte 1, está llena de destellos de virtud. Tiene el don de atraer al espectador, de dejarle enganchado durante las casi dos horas que dura esta primera parte de la obra. Si bien es cierto que lo hace apoyándose en escenas de sexo explícito, no es menos cierto que en ella se deja entrever lo que muchos creíamos y no habíamos alcanzado a vislumbrar en el cine del danés: tiene todo lo que se necesita para ser una gran director, domina la fotografía (el inicio del filme resulta soberbio, ¿quién no puede hacer referencia a ese inicio y no acordarse de David Fincher?), por otro lado, causa sensación el naturalismo con que dibuja los estados de ánimo de la protagonista, recuerda en ciertos aspectos a Terrence Malick, también como combina la música para dirimir los aspectos más personales de la película, como consigue modular esta música para incorporarla a la narración y, sobre todo, como recrea, gracias a la divulgación, metáforas que adornan el conjunto.
La historia es bien conocida por todos, cuenta la vida, desde la infancia hasta (al menos en esta primera parte) la semi-madurez de una mujer ninfómana. Lo que me resulta importante de la película no es lo que nos cuenta, sino como nos lo cuenta. El director no deja lugar a dudas al respecto, omite las elipsis, nos muestra el sexo tal y como lo conocemos (o querríamos conocerlo), deja de lado todo tipo de escrúpulo moral para ceñirse a la historia.
En el fondo, de lo que nos habla no es de otra cosa que de la cualidad poliédrica del sexo. Nos cuenta que el sexo tiene matices y el director danés nos los muestra. Pero también nos habla de la religión, la música de Bach, la polifonía… No es una cinta fácil, en ella nos encontramos innumerables metáforas, algunas escenas realmente duras que para muchos serán simplemente abyectas.
Por otro lado, sorprende la cantidad de actores reconocidos que han querido trabajar en el film (algunos de ellos muestran más de lo que jamás volverán a mostrar), lo que demuestra que Lars von Trier es el nuevo Allen: Los actores reconocidos no tienen reparos en realizar lo que el director les dicta, cosa que dice mucho de él. Película inquietante, atrayente, fascinante, morbosa. Refleja toda la cosmología del ser humano en sus instintos más primarios.