Hace muchos años, Stan Lee, Dios de los soñadores y azote de la intelectualidad, propuso un giro en la trama de The Amazing Spider-Man que abrió uno de los debates más grandes en la historia del cómic. Lo que hace inmortal al cinematógrafo, es que cuarenta y un años después, ese debate traspasa la frontera del papel para que todo aficionado a los films del hombre araña tenga una ardua charla con las palomitas en el regazo.
Para hacer una crítica de una segunda parte, lo fácil es remontarse al film del 2012. Los que prefieran un largometraje oscuro a lo Batman de Nolan, que no vean la película. Si no eres capaz de casar la relación persona-superhéroe, eres de Green Lantern y Superman, así que no veas Spiderman. Marc Webb propone llevar la esencia de Peter Parker al cine, así como la esencia del hombre con la máscara puesta.
Y en 130 minutos de trama, cabe todo en un equilibrio completo, sencillo y suave con un 3D genial y esa mezcla de humor y drama tan spidermanianos. Además de inventarme términos como spidermaniano, también supe que iba a ver The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, no Spiderman. Son universos diferentes donde Stan Lee jugó hace años a explotar todos los apartados posibles para el hombre arácnido.
Peter Parker es un tipo cool, guapo y con gancho. Dista bastante de la imagen de pez que Sam Raimi creó con Tobey Maguire hace una década. Sin haber hablado del film, creo que ya todo el mundo sabrá si reservar su entrada o no. Que nadie espere cambios aquí en relación con la precuela, no está el negocio para experimentar. Narrativamente es como ver un cómic en movimiento, y visualmente es un 3D que no solo no cansa, sino que atrae.
Por supuesto, mientras Nueva York arde en llamas y los muertos se cuentan por decenas, Spiderman centrará su atención en salvar a un hombre en lugar de un autobús a punto de explotar… Pero como dice el refrán, “el muerto al hoyo, y Spiderman al bollo”.