Villa Touma

El director de este film, Suha Arraf, quien también la escribe y produce, nos acerca a una minoría burguesa y cristiana que se quedó en la ciudad de Ramallah tras la Guerra de los Seis Días en 1967, y que hoy en día, después de años, sigue intentando adaptarse al cambio.

Para esto, nos presenta a tres hermanas, Juliette (Nisreen Faour), Violet (Ula Tabari) y Antoinette (Cherien Dabis), que tras perder parte de sus tierras y estatus, deciden aferrarse al pasado dentro de la villa familiar, en la cual no parece haber transcurrido el tiempo. El decorado no ha cambiado, y tampoco el modo de vida que llevan, o simulan llevar las tres hermanas, pues en esta casa, lo que más cuenta son las apariencias, y cualquier sentimiento, secreto o sueño que puedan tener, se nos esconde en un principio.

Villa Touma

Sin embargo, la vida les cambia de la noche a la mañana con la llegada de Badia (Maria Zreik), su huérfana sobrina, que trastoca su rutina, y a la que se proponen casar a toda costa con algún joven de alta familia. Para esto, la someterán a un aprendizaje de modales, idiomas y piano. Necesitan que Badia se convierta en una de ellas para que no dañe la reputación que les queda, pero ella no es como sus tías, o como estas pretenden ser, y pronto encontrará su primer amor. Amor que jamás será aprobado en Villa Touma.

Suha Arraf nos sumerge en este drama familiar a través de un guión con ciertos tintes de humor negro que sirven de desahogo en los momentos más tensos que vivimos alrededor de la mesa cada vez que se reúnen nuestras cuatro protagonistas. Es una película rápida de ver, pues se han sabido encajar de forma muy natural las elipsis temporales, y no solo eso, juega con escenas de gran carga emocional, que llegan a desgarrarnos por dentro, con otras mucho más suaves, normalmente protagonizadas por Antoinette y Badia.

Como decíamos, en Villa Touma se vive de las apariencias, y descubrir poco a poco el interior de estas mujeres es prácticamente un viaje sentimental del que el espectador forma parte. Además, la fotografía y la exquisita banda sonora, muy bien elegida tanto diegética como extradiegéticamente hablando, nos envuelven todavía más. Así que sin duda, os recomiendo que vayáis al cine sin prejuicios, y disfrutéis de este film tan alejado, y a la vez, con tanta similitud a nuestra cultura.