Álex de la Iglesia ha vuelto. El 23 de octubre se estrena su última película, Mi gran noche. Quizá una de las más esperadas desde que se presentó el inicio de su rodaje hará medio año. ¿Por qué? Por varios motivos, muchos estábamos deseando ver cómo el director vasco resolvía esta nueva locura –sí, sabíamos que el caos iba a reinar-, otros querían –volver- a ver a Raphael en la gran pantalla después de 40 años, y si salía airoso, claro… Y así miles de razones como que si Blanca Suárez en comedia, que si trayectoria irregular la de Álex, que Mario Casas también sale y con un look muy “diferente”… Vamos, un sinfín de motivos para dejarse caer por el cine.
Pues bien, Mi gran noche, no es otra cosa que “meter a un grupo de actores en una caja, y agitarla”. Agitarla mucho al son de un guión muy bien escrito por De la Iglesia y su habitual compañero, Jorge Guerricaechevarría. La idea de la que parten es la grabación de un “especial de Nochevieja”, típica gala carrasposa que se repite año tras año. Solo que en este mundo creado por ambos reina la corrupción, la lucha de egos entre una leyenda de la canción como es Alphonso –Raphael-, capaz de todo, y el nuevo ídolo de masas, Adanne –Mario Casas-, una pareja de presentadores que compiten entre ellos, y unos figurantes variopintos que no dan tregua.
Álex suele encantar o defraudar, y esta vez no podía ser menos, pues ha levantado reacciones de todos los colores. Personalmente, la primera vez que la vi -porque sí, he repetido-, me pareció una genialidad. Incluso aplaudí en alguna ocasión, quizá por la emoción del momento, ya que en la sala del Kursaal durante el Festival de San Sebastián podríamos estar más de 500 personas, y ya se sabe, la risa es contagiosa. Sin embargo, ahora que he podido experimentarla de forma más íntima, esas carcajadas sonoras se han convertido en risitas disimuladas.
Esta caja de zapatos es para verla sin complejos y sentirte parte de ella. Si entras a la sala con muchos prejuicios o bien expectativas, no vas a poder disfrutar del ritmo trepidante que la arrastra. Un ritmo que no deja descanso y a veces cuesta seguir, pues no hay espacio para disfrutar de algunos de los mejores momentos, pero que al fin y al cabo, nos mantiene alerta durante todo el metraje, además de camuflar los fallos de racord, porque los hay.
En cuanto al reparto, muy coral, destaco todas las apariciones de Carmen Machi, a la que le bastan pocos minutos para encandilar al público. Así como la sorpresa que me he llevado con Carolina Bang, a la que no había pillado el punto en ninguno de sus papeles, y de la que podría decir que esta es su gran noche. Pero sobre todo, si alguien merece ser resaltada, no es otra que Blanca Suárez, para mí, protagonista absoluta de la película, pues es la culpable de la mayoría de risas de las que hablaba antes.
Tampoco se nos puede olvidar el espléndido Jaime Ordóñez, que defiende a su personaje por todo lo alto, ni sus escenas compartidas con Carlos Areces, otro grande. Sin embargo, de Raphael, al que muchos alaban, solo puedo decir que admiro su capacidad de reírse de sí mismo, pues podríamos comparar su personaje con el mismísimo Darth Vader, y es que la parafernalia que le acompaña toda la cinta, no es para menos.
Eso sí, como actor, no me termina de convencer, aunque los momentos en su camerino junto a Areces ya son míticos. Y lo mismo me ocurre con Mario Casas, quizás es por todo lo que les rodea que no consiguen brillar, o que el personaje no nos llena como debería, aun así no puedo hablar de malas interpretaciones, ya que todos están correctos y se complementan entre ellos. Unos destacando por encima de otros, pero todos tienen su momento, como le ocurre a Ana Polvorosa, que con unas pequeñas intervenciones, se mete al público en su bolsillo.
En general Mi gran noche cumple. Y para los amantes de la comedia alocada, es un regalo. Creo que, te guste o no, debemos admitir que Álex de la Iglesia es un genio de la imagen, así que no dudéis en pasaros por las salas, y más ahora que se acerca la fiesta del cine. Si os encanta y os metéis en ella, pasaréis la hora y media más divertida desde hace mucho, y si no, seguro que sonreís en algunos momentos. Que de eso se trata.