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El cine italiano atraviesa en la actualidad por uno de sus momentos más dulces, en gran parte gracias al recién oscarizado Paolo Sorrentino y su film La gran bellezaPero si este largometraje ha devuelto el aplauso de la crítica a la cámara italiana, no podemos olvidar que también ha proyectado al veterano actor Toni Servillo al estrellato internacionalY aquí lo tenemos de nuevo en la gran pantalla protagonizando un film de temática política que destila sarcasmo y verdad a partes iguales, e invita a la reflexión cuanto menos de nuestra izquierda democrática al agotarse sus fotogramas.

El cineasta Roberto Andò firma con gracia este largometraje en el que la realidad política es llevada al absurdo y sin embargo, lo absurdo resulta lo más cuerdo a los ojos de una sociedad democrática desanimada y progresivamente descontenta de un sistema de gobierno desconectado de las calles y de las gentes. Porque aunque la cinta se sitúa en Italia, el escenario es fácilmente intercambiable con cualquiera de las democracias occidentales más aquejadas por la crisis.

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Enrico Oliveri (Toni Servillo) es el secretario general del principal partido de la oposición en Italia cuando el actual gobierno atraviesa una profunda crisis estructural y él contempla impotente la situación desde su privilegiada tribuna. Carente de ideas y invadido por el pesimismo general tras ser increpado en un mitin del partido, Enrico decide huir de la escena política y refugiarse en Francia en casa de su antigua amiga Danielle (Valeria Bruni).

Este inesperado contratiempo torcerá aún más los planes del partido, en plena carrera política, y su ayudante Andrea (Valerio Mastandrea) se verá obligado a sustituirlo por su hermano gemelo Giovanni, un filósofo bipolar recién salido del psiquiátrico. Lo que ni Enrico ni Andrea imaginarán es que el experimento será un éxito y el falso Enrico recuperará la confianza perdida de un pueblo con necesidad de un líder carismático dispuesto a devolverles la esperanza. 

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Como ya lo hiciera en Il DivoToni Servillo vuelve a ponerse el traje de político y ser así la pieza clave de un film que contiene todos los ingredientes para encandilar a la crítica pero también al público por su tono cercano y crítico sin caer en moralinas políticas. Además, el actor italiano se supera con sus giros interpretativos dando vida a dos personajes fundidos en uno. Viva la libertà es un canto a la esperanza social envuelto en un mordaz guión cuyo fin último es conectar con el pensamiento del espectador e invitarle a ver más allá de las apariencias. Porque nada es lo que parece y las palabras más sabias pueden provenir de la mente más desequilibrada.

Asimismo, la cinta rinde tributo al mundo del cine ensalzándolo como refugio espiritual al mismo tiempo que como instrumento de construcción social de la mano de palabras sabias como las de Federico Fellini. No en vano, Enrico es un amante secreto del cine y Danielle, además de estar casada con uno de los directores de cine más reconocidos del momento, es una vivaz guionista de la escena francesa.

Viva la libertà una inspiradora bocanada de aire fresco frente a tanto desánimo político generalizado que nos devolverá durante al menos 94 minutos la esperanza de que otra democracia es posible aunque para ello tengamos que recurrir a personas y no a políticos.