Este mes de Octubre llega a las salas de nuestro país El ladrón de palabras. Teniendo en cuenta cómo está la cosa, no creo que esta película acabe teniendo un éxito digno de mención. Es más, estoy casi seguro de que pasaría desapercibida por completo de no ser porque cuenta con un reparto fuerte a primera vista. Un reparto que quizás haya servido de treta para atraer al espectador a los cines a contemplar una historia original a la que se podría haber sacado mucho más partido. Al final, acaba siendo una cinta con tantos altibajos predecibles, que lo más difícil es encontrar la postura en la butaca.

Bien es cierto que puede llegar a entretener nuestros sentidos durante un rato, pero sólo un rato de los 96 minutos que componen la película. La historia que se nos narra es plana, y siendo francos, no creo que sea capaz de llegar a nadie, porque no alcanza ese feeling que una película debe tener con el espectador. Con este argumento tan soso, lo difícil es sostener a unos actores tan buenos, a los que se les ve muy por encima de este título del género dramático. De hecho, en muchas escenas se nota como aún dando los intérpretes lo mejor  de sí, no salen adelante.

El epicentro del film se basa en un escritor de poco éxito (Bradley Cooper), que quiere y necesita sacar adelante su carrera para vivir de ello. Casualmente, encuentra un libro sin editar que hará pasar como suyo, y que pese a que al principio todo son alegrías, pronto se dará cuenta de lo que ha hecho, involucrando en ello a su mujer y a más personas que él ni siquiera conocía. Todo eso es a su vez narrado por otro escritor (Dennis Quaid) ante sus admiradores, pues éste es el argumento su última novela. La película en sí acaba siendo una especie de lazo de tres historias, las cuales tienen una relación personal unas con otras.

El el reparto encontramos a Bradley Cooper y al gran Jeremy Irons como protagonistas, abordando unos papeles que no dejan deleitarnos con todo el jugo que se les puede sacar a estos dos actores. Los secundarios tampoco son merecedores de queja, pues Zoe Saldana, el veterano Dennis Quaid y la preciosa Olivia Wilde completan el elenco, acompañados por la presencia del joven Ben Barnes, que no acaba de encontrar su sitio en esta industria, aunque poco a poco se hace valer en películas como estas.

La dirección corre a manos de Brian Klugman y de Lee Sternthal. Con El ladrón de palabras hacen su ópera prima, y más que el mérito de la película, les atribuyo el de haber juntado a tan buenos actores siendo su primer film. En cualquier caso, siempre hay que dejar esperanza a estos nuevos y emergentes directores, pues puede que tarde o temprano nos hagan disfrutar de forma diferente y exitosa.

Como ya he dicho en esta crítica mostrando mi opinión, no es el tipo de película que yo iría a ver, aunque todos tenemos gustos diferentes. Pero déjenme que les diga, que me extraña bastante que alguien acabe satisfecho plenamente con El ladrón de palabras.