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Tras exitosos títulos como La Duquesa o más recientemente Jane Eyre, la productora BBC Films vuelve a sorprendernos con la adaptación cinematográfica de un nuevo clásico de la literatura inglesa como es Grandes Esperanzas de Charles Dickens. Este drama realista victoriano, minuciosamente fiel a la obra original, sigue los pasos de Pip, un humilde aprendiz de herrero cuyo destino se convulsiona tras la aparición de un misterioso benefactor dispuesto a dedicar una fortuna a convertirle en un caballero. Entonces, Pip verá su oportunidad de prosperar y ser digno del afecto de la joven Estella, la bella protegida de una siniestra dama absorbida por la venganza.

Great Expectations, 2011,

Con un reparto de lujo encabezado por el prometedor Jeremy Irvine (War Horse), y secundado por Ralph Fiennes y Helena Bonham Carter en su enésimo papel de siniestra perturbada, la cinta nos transporta al Londres oscuro y lúgubre del siglo XIX, gobernado por la codicia, la criminalidad y la separación estamental. La cámara aquí hace el trabajo sucio y no escatima planos para mostrar la miseria de una potencia segregada por el dinero y no por los buenos modales y la educación como cabría esperar.

Grandes Esperanzas es Dickens en estado puro: personajes rebosantes de sentimiento frente a innumerables adversidades que forjarán su carácter, secretos y entresijos que darán sentido a la trama, amor romántico casi shakespeariano e incluso satírico humor británico en pequeñas dosis.

Great Expectations, 2011

Quizás el único fallo radique precisamente en su voluntad de respeto al relato original, alargando así el largometraje a más de 120 minutos, pero en su conjunto, Grandes Esperanzas es una pequeña joya cinematográfica que logra captar la esencia de la obra de la que desciende sin convertirse, para sorpresa del espectador, en un déjà vu del clásico de Dickens.