Desde Francia nos llega la película que mejor define el ‘legado Almodóvar’ en la última década. Guillaume Gallienne presenta en la gran pantalla la obra de teatro que él mismo escribió tiempo atrás. Director, guionista, protagonista y co-protagonista. Todo lo bueno en una misma persona. Las 10 nominaciones a los Premios César hablan solos. Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! es un film sobre la identidad sexual y la crisis de la pubertad, donde el protagonista no sabe hacia donde sopla el viento.
Una estrecha relación con su madre, la admiración que profesa sobre las mujeres, y su fuerte personalidad hacen que Guillaume cuente su experiencia con el amor propio, con la libertad de expresión, y la complejidad de los trazos familiares si estos no te acompañan en el camino hacia la madurez. Aunque se intenten encontrar ciertos retales a comedia, esta opera prima es un auténtico drama.
Con una breve aportación de Diane Kruger, el reparto se mantiene bastante a la sombra de Guillaume Gallienne, siendo dueño y señor del metraje de principio a fin. Esa intensa y a la vez distante relación con su madre la refleja teatralmente mediante la simple acción de interpretar él a ambos personajes. A través de ese sencillo toque para mostrar más unión que mediante un cordón umbilical, quedan latentes el yin y el yang de sus problemas.
Una película brillante para abrir boca entre los aficionados a la identidad europea en este 2014. Sin hacerse pesada en ningún momento, solo flojea en momentos muy puntuales donde en lugar de levantar carcajadas deja indiferente a los espectadores con un humor tal vez muy simple. Consigue que el personaje sea un incomprendido, aún abriendo las entrañas de sus sentimientos.