Entre una avalancha de jugosos estrenos que quieren alegrarnos y hacernos más disfrutable el verano, se es esconde una peculiar cinta canadiense, con un título muy místico: Hijos de la medianoche. Probablemente es de esas películas que pasan desapercibidas en cartelera por, entre otras cosas, falta de publicidad. Sin embargo y pese a todo lo que la película arrastra, y de lo que hablaremos a continuación, puede hacerse plato de buen gusto para el espectador más curioso. Detrás de las cámaras está la directora indocanadiense Deepa Metha, también guionista, y que nos puede resultar conocida a raíz de su tretralogía de films Fuego (1996), Tierra (1998), Agua (2005) y Cielo (2008).
La maña de la que hace alarde Deepa Metha no es poca, pues demuestra que sabe lo que hace y que tiene idea de lo que es hacer una película grande por los cuatro costados. El problema de Hijos de la la medianoche es que a Deepa se le ha ido un poco la mano ofreciéndonos una cinta con una duración excesiva, pues 148 en una historia como esta, pueden resultar un lastre muy pesado para el espectador.
Hijos de la medianoche además, está basada en la famosa novela homónima del escritor británico Salman Rushdie, y él mismo ejerció de guionista para el film. Muchas adaptaciones al cine han tenido que cribar parte de la historia, y no digo que en Hijos de la medianoche no se haya hecho tal cosa, pero desde luego yo sigo viendo muchas escenas que sobran.
El argumento eso sí, me ha parecido atractivo y llamativo desde el principio. ¿A quién no le llama más la atención las historias de la India desde que Danny Boyle hizo aquella maravilla llamada Slumdog Millionaire? Nos ofrece cosas que dejan prever una bonita fábula acerca de la vida de dos chicos nacidos en la medianoche del 15 de agosto de 1947, día en el que la India consiguió su independencia.
La cosa es que tiene tirón, o al menos esto es así durante la primera hora de metraje, ya que lo que viene después se torna un tanto repetitivo, e innecesario a veces. Aunque la intensidad no la pierde, no me resulta muy convincente a la hora de mostrar al espectador las sensaciones y sentimientos de los protagonistas. Es como si aunque les conociéramos bien a lo largo de la película, no fuera suficiente y parezcan forzar su química.
Otro de los aspectos a elogiar de la pieza de Deepa Metha, es la fotografía que posee Hijos de la medianoche. La película nos ofrece planos de una belleza inmensa, describiendo en todo momento la situación que se vivía en la India y retratando como era la diferencia de clases en el país en varias etapas del siglo XX. Que una voz en off nos narre algunos tramos del film también me ha gustado, se agradece en esos momentos donde los pocos conocimientos acerca de la historia hacen mella. Y ojo, que ese toque de realismo mágico que tiene la película puede crear división de opiniones. No olvidemos que es la adaptación de una novela, que aunque basada en un hecho verídico, tiene buena parte de ficción.
Del reparto puedo decir más bien poco. No conocía a los actores hasta ahora, pero no me han generado un entusiasmo desmesurado. El protagonista, Satya Bhabha, que encarna el rol de Saleem Sinai, digamos está correcto, y pese a ello destaca entre los demás. Si tuviera que quedarme con algún otro sería con los padres del protagonista, a los que dan vida Ronit Roy y Shahana Goswami.
En definitiva, es una película de una bella factura pero excesiva en su forma. Demasiado metraje para que al final pasen tan pocas cosas. Por eso, aunque me baso en lo atractiva que me ha parecido, no la considero una opción principal en cartelera para el espectador de a pie.



