‘Si encuentras una piedra en el camino, háblale, cuéntale todos tus tormentos y ella te liberará. Será tu Piedra de la Paciencia’. En algún lugar del mundo islámico asediado por la guerra, una joven madre encuentra en su marido comatoso su particular versión de la legendaria Piedra de la Paciencia, una roca dotada de poderes mágicos a la que se puede confiar todo cuanto el alma guarda bajo llave.
Cuenta la leyenda que la piedra escuchará y absorberá todas las palabras hasta que un día no aguantará más y explotará. Poco a poco, esta turbada mujer se abrirá a su esposo y utilizará su estado vegetativo como terapia improvisada con que liberarse de viejos traumas y pesadas cargas conyugales, y alejarse así con valentía de un sumiso y abnegado destino.
El escritor y cineasta afgano Atiq Rahimi vuelve al circuito cinematográfico de la mano del reconocido guionista galo Jean-Claude Carrière, en esta adaptación a la gran pantalla de su laureada novela, La Piedra de la Paciencia. La cinta, al igual que su versión literaria, es una oda a la mujer afgana, honrada con la magistral interpretación de la actriz iraní más internacional, Golshifteh Farahani.
La Piedra de la Paciencia es el desesperado soliloquio de una esposa a la que la sociedad le ha enseñado a vivir a la sombra de su marido, y es precisamente entre sombras que discurre su matrimonio. Pero, con el repentino coma de él, la cámara fija su objetivo en los secretos que envuelven la relación, dando voz a los fantasmas silenciados. La producción afgana, que guarda un sorprendente paralelismo con la obra Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, es además un retrato fiel de la sociedad que vive en la trastienda de la vida pública, en la cual las mujeres deben desarrollar su instinto más feroz de supervivencia para poder alcanzar la noche sin ser repudiadas.
Con un sólo decorado localizado en una habitación desvencijada, La Piedra de la Paciencia no requiere más que de la química entre su protagonista y la cámara para cautivar al espectador más suspicaz y desarmarlo con la creciente fortaleza de un personaje en desgarradora ascensión, que parte de la autocompasión para culminar en la osadía de lidiar frente a frente con sus demonios.
El film es una pequeña joya narrativa con moraleja sobre la hermética condición de la mujer en uno de los feudos de la misoginia que, además nos recuerda que, a pesar de las divergencias culturales, todos en algún momento necesitamos una Piedra de la Paciencia.


