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La categoría de los Oscars a ‘Mejor Película de Habla no Inglesa’ siempre se me ha antojado como un pequeño soplo de alivio en medio de la tormenta desatada por la gigante industria cinematográfica estadounidense. Tras las grandes y a menudo ostentosas producciones hollywoodienses, suelen aparecer films como Pie de Página, del israelí Joseph Cedar, que si bien pudieran envidiar a las primeras en cuanto a presupuesto, no así en calidad y originalidad.

Así, la mencionada Pie de Página (Footnote), nominada al Oscar en dicha categoría en 2012 y ganadora a Mejor Guión en el Festival de Cannes, entre otros reconocimientos, nos presenta una tragicomedia inteligente, despiadada y ante todo irónica, donde los puntos de diversión surgen de la naturalidad y cotidianidad, sin ser forzados.

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Celos, orgullo, amor, competitividad y lealtad se aúnan para presentarnos el conflicto familiar-profesional entre padre e hijo, ambos excéntricos estudiosos del Talmud. Las dualidades entre ambos (el padre, Eliezer Shkolnik, testarudo estudioso que nunca ha visto reconocido su trabajo, y el hijo, Uriel Shkolnik, prometedor estudioso que se consagra públicamente) se acentúan cuando, por un error administrativo, el padre es designado para recibir el máximo reconocimiento del Gobierno, que en realidad corresponde a su hijo, y la elección entre la gloria personal o la lealtad y el honor se hace inevitable.

Durante 103 minutos de metraje, Cedar consigue sumergirnos en una historia de magistrales dilemas éticos donde el reconocimiento profesional, representado por el premio, deja entrever los latentes conflictos personales. Padre e hijo, si bien más parecidos de lo que ellos quisieran creer, parecen unidos por un frágil hilo de cariño y lealtad tensado por la gloria profesional, todo ello tratado de una forma sutil y elegante.

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El excelente guión que presenta este film, bien merecido su reconocimiento, da paso a una película bien conectada, que si bien deja que el vidente la vaya hilando e interpretando, no hace que pierda coherencia y conexión. Prueba de ello es el final inacabado, ambiguo, que supone el paso de la injusticia a la justicia poética y que produce esa sensación de quedarte sentado en la butaca del cine, con la mirada perdida hacia la pantalla mientras pasan los créditos, reflexionando sobre la historia que acabas de descubrir y ver y preguntándote: ‘¿y ahora qué?.

Puestos a ponerle un ‘pero’, me quedaría con que a mi parecer la película flojea y se torna un poco más densa hacia el intermedio, aunque cualquier otro de los aspectos positivos de este proyecto, como su original fotografía, contrarresten este efecto.

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Con más agilidad a la hora de tratar los problemas que diálogo, Cedar y todo su elenco consiguen integrarnos en este ingenioso estudio del comportamiento y las relaciones bajo la tensión del reconocimiento. Esta original comedia no es sólo un pie de página.