Llega Líbranos del mal para colarse en una cartelera plagada de blockbusters que durante este verano han dejado una buena cantidad de billetes. La película de Scott Derrickson llega también para hacer taquillas pero con unas pretensiones muy bajas. El director estadounidense tiene una larga lista de títulos de terror en su currículum, entre los que se encuentran El exorcismo de Emily Rose o Sinister. También cabe destacar que será el director de Dr. Strange, un futuro proyecto de Marvel sobre uno de los cientos de personajes de su universo.
Con Líbranos del mal, Derrickson hace su trabajo más flojo en el género. Se trata de una historia policíaca que mezcla el terror sobrenatural con una buena dosis de sermones de exorcismo. Supuestamente toda la historia está inspirada en un hecho real, en los sucesos que provocaron que el agente de policía, conocido en la historia como Ralph Searchie, se convirtiera a demonólogo. La trama da menos de lo que el espectador espera, pero no durante toda la película.
He de reconocer que la primera media hora, me ha parecido muy buena. No dejaba que nos imagináramos lo que podría llegar a ocurrir a continuación. Esa sensación de que puede pasar cualquier cosa, me gustaba hasta que dejó de hacer efecto. Después de un rato todo se hacía más predecible y más típico. En resumidas cuentas, gran parte de Líbranos del mal acaba siendo lo mismo que lo que estamos acostumbrados a ver dentro del género de terror más comercial.
Pese a todos sus fallos, tiene momentos en los que genera la tensión suficiente como para gustar al espectador menos exigente. Puede que la historia no convenza, ni resulte 100% creíble, pero tiene sus pequeños detalles. Uno de los que quiero mencionar es Sean Harris. El actor, que encarna un gran papel que no quiero desvelar, supera con creces a Eric Bana a nivel interpretativo. Líbranos del mal no es ni más ni menos que un trabajo más en el género, del que se esperaba mucho más al venir de la mano de un conocido en este terreno como es Scott Derrickson.