A principios del verano de 1956, Marilyn Monroe pisó por primera vez suelo británico. Recién casada con Arthur Miller, llega a Inglaterra para rodar El príncipe y la corista, el film que le haría compartir escena con el célebre Sir Laurence Olivier, legendario actor británico de teatro y cine, que protagonizaba y dirigía la cinta.

Ese mismo verano Colin Clark, un joven de 23 años, pisaba un set de rodaje por primera vez, como tercer ayudante de producción de la misma película. Cuarenta años después explicó sus experiencias durante los seis meses de rodaje en un libro autobiográfico: El príncipe, la corista y yo.

Pero en el libro se omitía lo que había pasado durante una semana. No fue hasta años después que Clark reveló, en una secuela de su autobiografía llamada Mi semana con Marilyn, lo que de verdad ocurrió en esos siete días que compartió con la mayor estrella de todos los tiempos. La semana que él pasó con Marilyn.

Con un reparto excepcional, podríamos decir que esto es lo mejor de una película que nos deja a medias… Michelle Williams, estupenda como Marilyn Monroe, imitando sus gestos, miradas, y adentrándose en su carácter, de forma que el parecido es sorprendente en ocasiones (véase foto adjunta), realmente merece la nominación al Oscar como mejor actriz, al igual que Kenneth Branagh (Laurence Olivier), nominado como mejor actor secundario. Eddie Redmayne (Colin Clark), quien a pesar
de tener un papel protagonista, queda eclipsado por Williams; Judi Dench (Sybil Thorndike) y Julia Ormond (Vivien Leigh), con Colin Clark y Marilyn Monroepoco peso en la trama, pero ambas magníficas; Emma Watson (Lucy), empezando a alejarse de su rol de Hermione, de la saga Harry Potter; Dougray Scott (Arthur Miller), Zoë Wanamaker (Paula Strasberg), Derek Jacobi (Owen Morshead) y Dominic Cooper (Milton H. Greene), completan un elenco de cinco estrellas.

La historia en sí, como decía, nos deja a medias. Por un lado, da a conocer los entresijos de una producción cinematográfica en los años 50, y deja entrever otra faceta de la sex symbol por excelencia, pero no acaba de profundizar en ella. A los que somos de espíritu «cotilla», nos deja con las ganas de saber más sobre la historia, leer los diarios de Clark o ver el documental que se hizo sobre éstos. A los demás, les dejará con la sensación de haber visto una historia más sobre el gran mito del cine, eso sí, muy bien interpretada.

Recomendada para los amantes del séptimo arte, por su ambientación y recreación de un rodaje en la Inglaterra de los 50, y para los fans de la Monroe.

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