Nightcrawler es la película con la que Dan Gilroy se estrena como director de cine, además se ha encargado del guión de la misma. El reparto está encabezado por un increíble Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed y Rene Russo.
Gyllenhaal interpreta a Lou Bloom, un joven sin trabajo que tras estar presente en un accidente de tráfico, descubre el mundo del periodismo freelance sumergido en el ambiente criminal de la ciudad de Los Ángeles. Así, con cámara en mano y un ayudante, se dedica a filmar cada acontecimiento peligroso que ocurre, para después vender este material a una cadena de televisión.
Cuando comienza el film, el primer impulso que tiene el espectador es comparar al personaje de Lou Bloom con el de Travis Brickle de Taxi Driver, pues ambos se pasean de madrugada por la ciudad en una ambientación de soledad, desequilibrio y peligro. Sin embargo, a medida que nos introducimos en la historia, este paralelismo se va desdibujando.
Vemos como nuestro protagonista evoluciona hasta el punto de convertirse en un carroñero del sensacionalismo sin empatía ninguna por las personas y ningún escrúpulo o moral, capaz de manipular la escena de un crimen o incluso trastocar el curso de acontecimientos con tal de poder obtener beneficios.
La fotografía de ésta juega un papel importante, y es que ayuda a que el público se introduzca de pleno en el escenario y establezca una relación con lo que en él ocurre. Los planos de la ciudad, igual que las escenas de cámara en mano o las imágenes que vemos a través de la que lleva Bloom se unen con el guión de la película de forma que la continuidad de esta no se rompe, al contrario, se consigue una sensación de realidad total. Sentimos que estamos viviendo la historia desde dentro.
Un contra podría ser que hasta que comienza la evolución del personaje de Jake Gyllenhaal, parece que el ritmo de la acción transcurre demasiado lento.
Otra cosa a destacar es el reparto. Tanto a nivel individual como colectivo, pues todos los actores que aparecen han sabido hacer creíbles las relaciones que mantienen y les unen, sin desequilibrios. Esto suele ser complicado, al ojo del espectador suele sobresalir uno más que otro. Sin embargo, en esta ocasión, dejando claro el reconocimiento a Jake Gyllenhaal por su interpretación maestra, debemos dar la enhorabuena a todos.
En definitiva, se trata de una ópera prima muy arriesgada que el director, ayudado por todo el equipo, ha sabido resolver de forma sobresaliente.