La isla mínima

Sin ninguna duda, la gran triunfadora de la noche de los Goya 2015 fue La isla mínima, que consiguió diez galardones de los 17 a los que optaba. Entre estos quedan incluidos Mejor Película, Dirección, Guión y Actor Protagonista. Aprovechando la ocasión, nos lanzamos y os traemos nuestra crítica del film.

Alberto Rodriguez –su director- le cogió el gusto a lo policíaco después de Grupo 7, su anterior película, así que repite temática. Esta vez, con una perfecta combinación entre “cine de autor” y “cine comercial” que ha gustado tanto a la crítica como al público. Ambientada en Sevilla a principios de los 80 e impregnada de elementos de la realidad sociopolítica que se vivía, nos cuenta la historia de dos policías –Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo-, que son enviados desde Madrid a un pueblo situado en las marismas del Guadalquivir, para investigar la desaparición de dos chicas adolescentes.

La isla mínima

La puesta en escena es increíble, muy conseguida. La combinación de elementos utilizados como el vestuario o todo el attrezzo en general, sumado al trabajo actoral y los tintes de los residuos del franquismo que se dejan entrever, nos meten de lleno en la trama, creyendo que hemos retrocedido tres décadas en el tiempo.

En cuanto a la fotografía, podemos decir que se trata de una de las más cuidadas dentro de nuestro cine. Recuerda, igual que el antagonismo entre personajes, al estilo de True Detective, sin embargo, tenemos que decir que la película de Alberto Rodríguez se terminó de rodar un mes antes de que la famosa serie viera la luz.

La isla mínima

En cuanto al reparto, encabezado por el dúo Gutiérrez y Arévalo, y seguido de cerca por unos secundarios de la talla de Antonio de la Torre, o la ganadora del Goya a Actriz Revelación Nerea Barros, no tenemos queja ninguna. Bueno, una sí. Que todo es demasiado creíble, hasta la aparición de Jesús Castro, menos mal que su personaje, a pesar de ser relevante en la trama, no tiene mucho peso en la pantalla. Hay que reconocer que no ejecuta una mala actuación, el problema es ponerlo al lado de dos bestias escénicas como Javier y Raúl, pues es entonces cuando se notan desequilibrios.

Sin embargo esto no ocurre con Nerea, capaz de transmitir el sufrimiento más desgarrador a todos los espectadores. Por eso, a pesar de que sus apariciones sean bastante breves, estamos de acuerdo con el premio que se le otorgó en la ceremonia. Lo mismo pensamos con el premio a Javier Gutiérrez, ya sabíamos que era un profesional, pero en este registro ha terminado de encandilar a la crítica y al público. Como la película.

Aunque no es oro todo lo que reluce, aquí vienen las pegas y desacuerdos con la Academia, pues, si hablamos de guión, se nos muestra la típica historia de siempre. Poli bueno, poli malo, pero con huecos que cuesta llenar, tramas poco necesarias y un final abierto, pero cerrado a la imaginación. En su conjunto es una obra magnífica, los fallos de guión quedan compensados. Así que solo nos queda dar la enhorabuena a todo el equipo y animaros a que vayáis a las salas que la han vuelto a acoger.