Amor y negocio. Dos conceptos aparentemente enfrentados cuyas fronteras se desdibujan en Amor, la primera entrega de la trilogía Paraíso concebida por el cineasta austriaco Ulrich Seidl. Esta pretendida cinta documental sigue los pasos ficticios de Teresa (Margarethe Tiesel), una responsable madre de familia que decide emprender un viaje en busca de amor por hora o fracción en las costas de Kenia.
Y de este modo, esta recelosa austriaca se convierte en una ‘sugar mama’ o mujer que alquila los servicios sexuales de jóvenes africanos. Lo que ella no imagina es que estas transacciones afectivas vendrán marcadas por el profundo choque cultural entre dos concepciones de amor y sexo divergentes, que harán cuestionar a Teresa el sentido de su viaje.
Con aspiraciones documentalistas y vocación realista, Amor echa luz sobre una realidad a menudo escondida por los tabús que encierra: el turismo sexual femenino en África. Y es que Kenia no es la excepción. Cada año, países como Uganda, Gambia o la isla de Zanzíbar se convierten en receptores de mujeres que, como Teresa, viajan a suelo africano por algo más que un bonito paisaje.
El film atrapa al espectador por la trabajada dimensión emocional de su protagonista, a la que no cuesta esfuerzo comprender en su primer viaje de turismo sexual. Teresa no es sólo el arquetipo de mujer de mediana edad descontenta consigo misma sino un ser complejo que con determinación hace frente a sus carencias afectivas.
Sin embargo, Amor no es una postal africana. La película entraña un punto de vista demasiado fijo y excesivamente posicionado, de modo que lo que a priori es una crítica del turismo sexual, a posteriori deviene un viaje personal por los subterfugios de la desesperación. Y este posicionamiento impide al espectador ponerse en la piel de unos jóvenes cuyos cuerpos son moneda de cambio para la supervivencia de ellos y sus familias.
Amor es el valiente retrato de la búsqueda de cariño más allá de las fronteras políticas y culturales que, sin embargo no termina de ser una crítica a la prostitución en los países más desfavorecidos del globo porque no se detiene en mostrarnos las dos caras de esta moneda, la más antigua de la historia de la humanidad.


